Frida Guerrera

Periodista a tres fuegos

Nota no es Daniel Osorno es Diego Osorno el autor de este libro tan recomendable(1)

Balbina Flores M

Frente al primer informe de gobierno de Felipe Calderón las condiciones de inseguridad, para el ejercicio periodístico y los medios de comunicación, siguen igual o peor que en el sexenio pasado; reporteros y medios continúan siendo blanco diario de amenazas, atentados, asesinatos y desapariciones.

"México se convirtió, en 2006, en el segundo país del mundo con mayor nivel de peligrosidad para esta profesión, situándose sólo detrás de Irak. Una democracia no puede tolerar tanta impunidad", advirtió Reporteros Sin Fronteras (RSF), organismo internacional defensor de la libertad de expresión, al jefe del Ejecutivo, a unas horas de haber tomado posesión como presidente de México, en una carta que le dirigió el 1 de diciembre de 2006.

"Le incitamos –continúa el texto, pensando de manera particular en la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos Cometidos en Contra de Periodistas, creada el 15 de febrero de 2006– para que su mandato haga todo lo necesario para fortalecer las estructuras judiciales y desplegar las fuerzas necesarias para erradicar esta oleada de ataque a la prensa". La respuesta a esta misiva fue el silencio.

Al hacer un breve balance de los primeros daños a la prensa, en los nueve meses de gobierno de Felipe Calderón, los resultados no sólo son desalentadores, sino alarmantes ante más de 40 casos registrados hasta la fecha por la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), que superan al número registrado en los primeros meses de 2006 y la cifra de 37 casos reportados en los primeros meses del gobierno foxista, de acuerdo con la Red Mexicana de Protección a Periodistas y Medios de Comunicación.

El 8 de diciembre de 2006 fue asesinado Raúl Marcial Pérez, columnista de El Gráfico, en Oaxaca; el 10 de enero de 2007, fue desaparecido Rodolfo Rincón Taracena, reportero de Tabasco Hoy, y hasta la fecha se desconoce su paradero; el 6 de abril fue acribillado Amado Ramírez, corresponsal de Televisa y conductor de un noticiero radiofónico en Acapulco, Guerrero; el 26 abril, fue localizado el cuerpo de Saúl Noé Martínez, reportero de Interdiario, de Agua Prieta, Sonora; el 10 de mayo de 2007, fueron detenidos y desaparecidos, Gerardo Paredes, y Gamaliel López, camarógrafo y reportero de TV Azteca Noreste, en Monterrey, Nuevo León.

El 16 de abril y 17 de mayo fueron lanzadas dos granadas de mano a las instalaciones del diario Cambio, de Sonora y días después ese periódico decidió cerrar sus instalaciones por falta de garantías. El 5 de agosto de 2007, Alberto Fernández Portilla, director del Semanario del Istmo y conductor del programa BBM Noticias , fue objeto de un atentado al que sobrevivió.

Reporteros y fotógrafos de distintos medios de comunicación, en estados como Coahuila, Sonora, Michoacán, Veracruz y Guerrero, han sido amenazados por bandas del crimen organizado. Algunos de estos hechos ya ni siquiera se publican en los medios. "Si denunciamos ¿quién nos protege?", confió el director de un diario en el norte. "Preferimos no hacer ruido, no publicar informaciones riesgosas o bien no publicar el nombres de los reporteros o corresponsales que cubren la nota. ¿Es el silencio una medida de protección? ¿es la autocensura una forma de protección?. No. ¿Pero, y entonces qué camino nos queda?" preguntó.

Periodistas a tres fuegos

De la crispación política que ha vivido el país en los años recientes no han estado exentos los periodistas y medios de comunicación. Tampoco del recrudecimiento de la violencia desatada por los cárteles del narcotráfico desde los primeros meses del gobierno de Felipe Calderón, ni del descontento social que mostró su rostro más cruento en el conflicto entre el gobernador Ulises Ruiz y la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO).

El conflicto social que vivió el Estado de Oaxaca a mediados de 2006, que aún no se resuelve, también alcanzó a los periodistas y a medios de comunicación. La mayoría de las veces "éramos las voces indeseables, los testigos molestos", "caímos mal en todos lados", "la prensa no es bienvenida, somos vistos como los incómodos la gran mayoría de los periodistas", narra el periodista Diego Osorno, en su libro Oaxaca Sitiada, La Primera insurrección del siglo XXI.

La APPO dice tener motivos suficientes para hacer tales afirmaciones, señala Daniel(1) Osorno, en el capitulo denominado, precisamente, "Voces indeseables", que es una descripción fiel de lo que enfrentaron medios, fotógrafos y reporteros durante el conflicto oaxaqueño, que dejó un saldo aproximado de 40 agresiones contra periodistas –la mayor parte de ellas ocurridas en los meses de julio y agosto– que culminaron con el asesinato de Bradley Will, el 27 de octubre de 2006.

Los embates de grupos sociales contra periodistas representaron 15 por ciento, de un total de 131 incidentes registrados en 2006, a diferencia del cinco por ciento en 2005. Ahora se ubican en tercer lugar, después de las fuerzas del orden y de los perpetrados por desconocidos, de acuerdo con el recuento preliminar de la Red Mexicana de Protección a Periodistas y Medios de Comunicación (RMPPMC), de mayo del 2007.

Hubo momentos álgidos, como la culminación de las elecciones de 2006, durante el plantón realizado por Andrés Manuel López Obrador. Al final de los mítines, algunos de sus simpatizantes arremetían contra los reporteros, a quienes gritaban "¡vendidos!" Eso era a los que bien les iba, porque algunos tenían que salir prácticamente huyendo del templete, perseguidos, como fue el caso de un camarógrafo de TV Azteca.

En los meses siguientes, los violentados optaron por no portar sus gafetes o esconder las identificaciones de las empresas, TV Azteca y Televisa, principalmente. Hubo entonces quienes pidieron la intervención de Andrés Manuel López Obrador, quien optó, como medida, siempre precisar en sus discursos que había "algunos medios de comunicación, algunos periodistas", que desinformaban, "no todos, hay sus honrosas excepciones".

El Ejército

Si los elementos de la fuerza pública siempre han ocupado uno de los primeros lugares como presuntos responsables de las agresiones contra periodistas (24 por ciento en 2006), hoy, en el marco de una política de "mano firme" contra el crimen organizado, encabezada principalmente por el ejército, brazo derecho de Felipe Calderón, está latente el riesgo de que pase a encabezar la lista, si es que no ya ocupa ese sitio. Los hechos así lo indican:

El 7 de agosto de 2007, Manuel Acosta y Sinuhé Adolfo Samaniego Osorio; ambos del periódico Zócalo; Jesús Meza González, de La Voz y Alberto Rodríguez de Canal 4 fueron detenidos en la Colonia Las Flores, en Monclova, Coahuila, a unas cuadras del cuartel militar, por un grupo especial del ejército, cuando éste realizaba un operativo en la localidad.

Los reporteros fueron detenidos por los tripulantes de una camioneta blanca, narró Sinuhé Samaniego: "se bajan unas personas con pantalón militar, completamente encapuchados, y le dicen al compañero del Canal 4 que se suba a la camioneta, luego al compañero Jesús Meza de La Voz, a Manolo y a mí, nos suben a la fuerza". Dentro del vehículo, les ordenan que se tiren boca abajo y no se vuelvan para verlos. Los revisan y los despojan de sus cámaras, llaves, teléfonos celulares, relojes y carteras.

Los vehículos en que se movían los periodistas, portaban, cada uno, los logotipos de sus medios, quedaron abandonados en el lugar y fueron cateados. Presuntamente, en uno de ellos, fue localizada un arma con chapa de oro, casquillos de diversos calibres y marihuana.

A los comunicadores los insultan y empiezan a golpear: "nos agredieron físicamente, en las costillas, en las piernas, la cabeza, pero no con brutalidad, sino, se puede considerar, como parte de (la) táctica para sacar información", refirió un reportero. Después de unas horas de trayecto, con los ojos vendados y las manos atadas, los dejan en un cuarto, hasta las 9:30 o 10:00 de la mañana del miércoles. Entonces los levantan y les dicen "ahora sí, van pa' México". Los separan nuevamente y los suben a unas camionetas.

La tarde de ese día fueron entregados a la Procuraduría General de la República (PGR), donde les dicen que están acusados de portación de armas y explosivos y posesión de droga. Los reporteros refieren que permanecieron entre 15 y 16 horas sin saber dónde estaban, de qué se les acusaba, y sin que les fuera posible ver el rostro de quienes los aprehendieron. Después de permanecer retenidos en las instalaciones de la PGR, durante 48 horas, aproximadamente, mientras rindieron su declaración, para confirmar su detención, fueron puestos en libertad bajo fianza. El asunto no ha terminado porque, en unas semanas, se deberá dictar auto de formal prisión o de libertad.

La PGR

El 6 de agosto, en Tamaulipas, efectivos del Ejército y la Agencia Federal de Investigación (AFI) realizaron varios cateos. Los reporteros de la guardia nocturna cubrieron el operativo. Casi al final los federales detuvieron a reporteros de los periódicos Vanguardia y Palabra, así como de la televisora local RGC, les solicitaron identificaciones, los soldados borraron el material de la jornada de los equipos fotográficos y se quedaron con el video del reportero Juan de Dios de RGC, según reportó en sus páginas Proceso no.1608. 26/08/2007.

Miguel Arturo García, corresponsal del grupo radiofónico Organización de Radio Tamaulipas (ORT), y dirigente de la Unión de Periodistas Democráticos (UPD), denunció, ante la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), que el pasado 22 de agosto, en un retén ubicado en la carretera Victoria Zaragoza, fue golpeado por elementos de las policías Judicial y Preventiva.

Refirió que estaban en el puesto, cuando observó como detenían una camioneta y empezaban a bajar a la gente con violencia, a punta de pistola. Captó el hecho en una foto y cuando bajaron al chofer tomó otra. Entonces, una persona con metralleta se dirigió hacia él, apuntándole. Metió el cañón del arma a la ventanilla del auto del periodista y le ordenó que le entregara su grabadora. A pesar de que se identificó fue amenazado y cercado por policías judiciales preventivos. Le arrebataron la cámara, le quitaron la grabadora, el teléfono celular y los destruyeron. Lo retuvieron lo golpearon por más de media hora.

El 30 de junio, Luis Fernando Nájera, del diario Río Doce, de Sinaloa, fue detenido durante un operativo en la ciudad de Los Mochis. El comunicador cubría la operación y tomaba fotos cuando fue aprehendido por elementos policíacos, fue despojado de su cámara, grabadora y teléfono celular. El policía ministerial Roberto Barceló, le gritó "te voy a matar por metiche". Dio cuenta el periódico La Jornada (1/07/2007).

El narco

Las agresiones más violentas se han atribuido al narcotráfico, al que RSF incluyó por primera vez en mayo pasado en su lista "de predadores" de la libertad de prensa de 2007. "Desde finales de los (años) 90 –explica la organización– cuatro cárteles, los de Tijuana , Sinaloa, Juárez y el Golfo, libran una guerra sin cuartel. Los periodistas, se encuentran en primera línea de las represalias de estas bandas".

Al narcotráfico se le atribuye, como presunto responsable, 11 por ciento de agresiones en 2006, a diferencia de 2005 cuando registró el siete por ciento, según señala el informe de la Red Mexicana de Protección a Periodistas y Medios de Comunicación, correspondiente a este año. Los narcomensajes, amenazas, atentados y levantones, han estado entre los métodos intimidatorios más socorridos por estos grupos. Los siguientes son algunos de los casos de los primeros meses de este año, de los cuales dieron cuenta los propios medios:

"Aquí te dejamos un regalo pinches reporteros culeros (sic) así van a rodar muchas cabezas (sic) Milo Vela lo sabe y muchas más van (sic) cien cabezas por mi papá atentamente hijo de Mario Sánchez y la gente nueva". Tal amenaza fue colocada en una nota sobre un cadáver que hallaron en la entrada del diario Notiver, según informó el propio periódico (03/05/2007). Milo Vega es un columnista crítico que escribe ahí. El procurador del Estado, en una nota que publicó el propio Notiver, dijo al respecto: "no se trata de ninguna amenaza en contra de reporteros, sino de un mensaje entre grupos delictivos antagónicos ajenos completamente al quehacer periodístico".

El 28 de mayo, una cabeza humana fue depositada en una caja, a las puertas del diario Tabasco Hoy, en Villahermosa. Había un mensaje: "ahí les enviaron esto". En febrero de este mismo año, Adolfo Rincón Taracena, reportero del diario desapareció, sin que a la fecha se conozca su paradero.

Después de dos atentados con granadas contra Cambio de Sonora, que dañaron una parte de sus instalaciones, los días 16 de abril y 17 de mayo, los cuales se atribuyeron al crimen organizado, este medio suspendió temporalmente su circulación.

Destacó también la denuncia del secuestro de tres reporteros, de la Comarca Lagunera, en Torreón Coahuila, publicada por El Universal en Línea, el 3 de mayo pasado, hecho que al día siguiente intentó desmentir el diario. Lo cierto es que el levantón, la cita o reunión –como se quiso minimizar después– sí ocurrió, pero no se quiso hacer más ruido sobre el asunto. El levantón a los periodistas fue un reclamo, "porque no habían dado seguimiento a las noticias sobre el Cártel de Juárez".

El 22 de mayo, Onésimo Zúñiga Franco, reportero de la fuente policíaca de El Sol de La Laguna, fue levantado por desconocidos cuando regresaba de dejar a su hija menor a la escuela. Permaneció seis horas desaparecido, y presentó una denuncia ante el agente del Ministerio Público local.

El 11 de junio, la agencia EFE reportó que Claudio Tiznado, reportero de la publicación mensual Géneros de Hermosillo, Sonora, cruzó la frontera y solicitó asilo en Tucson, Arizona, después de haber sido objeto de una golpiza que lo dejó inconsciente y sin poder mover un brazo. El motivo de la agresión, consideró, fueron sus investigaciones publicadas sobre el paraíso de drogas que floreció, con las redes de corrupción, entre políticos y policías en Cananea.

Los hechos señalados son sólo una muestra de que la violencia en contra de periodistas y medios, que se mantiene como una tendencia al ascenso, en contra de la libertad de expresión, en estos primeros nueve meses del gobierno de Felipe Calderón. Los comunicadores, desde el sexenio pasado, en particular en los estados, han sido agredidos sin tregua a tres fuegos: los grupos sociales, las fuerzas del orden, entre ellos el ejército y, por si fuera poco, el narcotráfico.

No hay para dónde hacerse. Más que cobijarse bajo la autocensura y el silencio, como medio de autoprotección, la respuesta adecuada ha sido la solidaridad del gremio –los medios y las organizaciones– la que ha logrado, por lo menos, alertar e informar sobre agresiones mayores, aunque no en forma muy organizada. La intervención de las organizaciones internacionales ha sido un factor determinante para llamar la atención.


YO TE NOMBRO LIBERTAD, CREANDO CONCIENCIA

VERONICA VILLALVAZO

FRIDA