Marcos Terena
Después de 22 años de articulación, lucha y espera, y gracias a la perseverancia de los líderes indígenas, la Asamblea General de la ONU aprobó en setiembre último la Declaración sobre los Derechos Indígenas, en una clara demostración de que el espíritu de las comunidades ancestrales, aún con dificultades, discriminación y exclusión, posee armas que el colonizador no logró anular.
Al comienzo de un nuevo siglo, la voz indígena fue dejando su tono de lamento y dolor de víctima para recuperar su valor soberano de diversidad étnica y ambiental, que no se restringe a la geopolítica territorial generada por los estados.
Es necesario reconocer que los pueblos indígenas se valen de su propio protagonismo para responder a todos los desafíos, como los Objetivos de Desarrollo del Milenio establecidos por la ONU (Organización de las Naciones Unidas).
Es una característica que genera, en la sociedad civil y organizada, una alianza bajo nuevos parámetros de relacionamiento humano, equilibrio social y desarrollo económico con sustentabilidad.
La modernidad no soporta más la imposición de los grandes bloques económicos que crean ricos y pobres, ni la imposición de la paz por fuerzas bélicas, típicas de la barbarie de la antigüedad.
La diversidad indígena arroja luz para una nueva composición mundial de valores basados en derechos humanos al basarse en derechos colectivos y consuetudinarios. Esto desequilibria los conceptos de desarrollo y poder unilateral, a través de aspectos espirituales, ambientales y respeto mutuo entre personas y pueblos.
El mundo moderno, veloz en los avances tecnológicos, percibe a tiempo su insensatez al seguir un camino corroído por la ambición, sin destino visible ni perspectiva de futuro. Grandes naciones e íconos mundiales ya no consiguen producir más que desechos y conflictos, en una clara agresión a la vida.
Nace entonces el sueño de otro mundo posible. Nace el Foro Social Mundial (FSM), en una correspondencia de argumentos e intereses entre políticos y movimientos sociales.
Para los pueblos indígenas, las reuniones plenarias del Foro son plataformas de conocimientos tradicionales y diversidades características de cada región, que claman por justicia y derechos.
Así como en América del Norte hubo, siglos atrás, un líder indígena llamado Toro Sentado que derrotó al ejército de Estados Unidos, el nuevo siglo nos estimula a pensar en la conquista política de los aimaras a través de Evo Morales, elegido presidente de Bolivia por indios y blancos, y en sus efectos para los demás indígenas.
No se deben olvidar las grandes marchas de indígenas y campesinos previas a esa conquista, ni experiencias como las de las organizaciones indígenas de Ecuador, que dos veces depusieron al presidente de la República pero no tomaron el poder, para deleite de políticos profesionales.
Con esto, el FSM retoma grandes debates políticos, sociales y económicos en la búsqueda de una sociedad más justa. Los guerreros son estudiantes, intelectuales, movimientos rurales y sociales, partidos políticos.
Así, los pueblos indígenas, aun cuando son tratados como víctimas, demuestran que detrás de una vida aparentemente pobre está el derecho a decidir, incluso de decir no a la modernidad y a su modelo de desarrollo.
No hay pueblo indígena si no hay tierra como vínculo sagrado de la vida y hábitat, que los andinos llaman Pacha Mama y los kuna de Panamá denominan Abi-Ayala. Aun con el derecho moral de los pueblos originales, el reconocimiento oficial de responsabilidad de los gobiernos nacionales es siempre postergado, lo que genera pobreza social, conflictos, crímenes ambientales, prisión de líderes y hasta muerte de ancianos y niños.
Si por un lado existen avances políticos en América Latina, como en Bolivia, Ecuador, Guatemala y Venezuela, por otro no podemos olvidar que muchos indígenas carecen todavía de un mecanismo que les posibilite al menos ser escuchados. Tal es el caso de los indígenas del Paraguay, donde, aunque el guaraní es el idioma oficial, siguen sufriendo diversas formas de discriminación y exclusión.
Cómo comprender que una presidenta como la de Chile, mujer y socialista, siga respondiendo con una ley antiterrorista al reclamo de los mapuches de tierras y de su reconocimiento como pueblo indígena, o las agresiones sufridas por los zapatistas de la provincia de Chiapas, en México, cuando buscan consolidar su autonomía étnica y formas específicas de vida.
En Brasil, donde existen 220 pueblos indígenas y se hablan más de 180 lenguas, quedó en evidencia que, a pesar de un presidente como Luiz Inácio Lula da Silva, los avances corresponden a los sectores más conservadores, y a los intereses privados y bancarios, no a los indígenas.
Los pueblos ancestrales sufren en Brasil un rastro de odio, asesinatos de líderes, desnutrición que mata niños y pérdida territorial, mientras el gobierno prepara un Plan de Aceleración del Crecimiento sin considerar las realidades indígenas de la Amazonia, con rica biodiversidad y recursos minerales, y se preocupa solo por atender las exigencias de grupos políticos, partidarios y empresariales.
Por cierto, el FSM posibilitó el intercambio de ideas e intereses entre pueblos hermanos, la formación de una conciencia sobre las realidades sociales y ambientales en la juventud y la formación de líderes de las próximas generaciones, pero lo mismo no ocurrió en relación a los pueblos indígenas.
Esta evaluación se corresponde con la profecía de una Xamã Terena ya fallecida, de que el gobierno es el gobierno y el pueblo indígena siempre será indígena.
Los sueños indígenas no se hicieron realidad siquiera con la conquista del gobierno por parte de antiguos aliados como los partidos de izquierda, que demostraron, igual que los de centro y de derecha, impotencia y falta de decisión para acatar o implementar las sugerencias realizadas, incluso en el FSM.
Pero si otro mundo es posible, ¡la lucha continúa!
(*) Marcos Terena es un indígena del pueblo Xané de Brasil, miembro del Consejo Editorial de la Revista Tierramérica y de Cátedra Indígena, y presidente del Comité Intertribal (ITC). E-mail: marcosterena@gmail.com.