Reanudación de la “Mesa de diàlogo” del FPDT con el gobierno federal para el Caso Atenco.
Publicado por Hugo en 8/06/2009 11:43:00 p.m.
El pasado 4 de agosto se reinició la “Mesa de diálogo” con el gobierno federal para exigir justicia para el caso de San Salvador Atenco: libertad a los presos políticos y el cese a la persecución de América y Adán.
Presos políticos, libertad!!!
Zapata vive, la lucha sigue!!!!
Manifestación
Participación del compañero Benhumea
Informe de la reunion
Participación de las compañeras Trini y Nelly
YO TE NOMBRO LIBERTAD, CREANDO CONCIENCIA
Presos políticos, libertad!!!
Zapata vive, la lucha sigue!!!!
Manifestación
Participación del compañero Benhumea
Informe de la reunion
Participación de las compañeras Trini y Nelly
YO TE NOMBRO LIBERTAD, CREANDO CONCIENCIA
Amenaza de desalojo a mujer en Tláhuac
Publicado por Hugo en 8/06/2009 11:35:00 p.m.
EN LA CIUDAD DE LA EQUIDAD TRAS LOS ALAMBRES DE PUAS Y MUROS DE LAMINA QUE OCULTAN LOS ABUSOS. SER MUJER, POBRE Y DENTRO DEL EJIDO DE TLALTENCO REPRESENTA LA VIOLACIÓN DE TODOS LOS DERECHOS. AYER, TRES ADOLESCENTES, HOY SOLEDAD CHAVEZ ES AMANAZADA POR VICTOR CADENA Y ACOSADA POR LA FUERZA PUBLICA QUE LO ACOMPAÑAN “SINO TE SALES DE LA CASA, VA A SER DESALOJADA”.
LOS EJIDATARIOS DE TLALTENCO QUE NO HAN VENDIDO, QUE NO QUIEREN VENDER Y QUE SE LES ESTA ARREBATANDO SU TIERRA EXIGEN EL RESPETO A SUS DERECHOS JURÍDICOS.
ALTO A LA REPRESIÓN¡¡¡¡¡
LA ASAMBLEA EN RESISTENCIA DE SAN FRANCISCO TLALTENCO PIDE AUXILIO!!!
YO TE NOMBRO LIBERTAD, CREANDO CONCIENCIA
LOS EJIDATARIOS DE TLALTENCO QUE NO HAN VENDIDO, QUE NO QUIEREN VENDER Y QUE SE LES ESTA ARREBATANDO SU TIERRA EXIGEN EL RESPETO A SUS DERECHOS JURÍDICOS.
ALTO A LA REPRESIÓN¡¡¡¡¡
LA ASAMBLEA EN RESISTENCIA DE SAN FRANCISCO TLALTENCO PIDE AUXILIO!!!
YO TE NOMBRO LIBERTAD, CREANDO CONCIENCIA
Las botas de Marcelo Ebrard sobre el rostro de nuestros compañeros: la verdadera historia del señor de la equidad sobre la lìnea 12 del metro.
Publicado por Hugo en 8/06/2009 11:25:00 p.m.
Empezaron a llegar a las 9 am. Fueron cerca de 4000 conquistadores entre granaderos, policías de las delegaciones de Xochimilco, Milpa Alta e Iztapalapa, personas de seguridad del Metro, trabajadores de la Delegación de Tláhuac y funcionarios del GDF. Cientos de todos ellos se apostaron en los terrenos que están en disputa en los juicios por paso de servidumbre. Todos formados hombro con hombro nos enseñaban por donde van a correr las vías de la Línea Dorada.
No dejaban salir o entrar a nadie. La gente que vive en el ejido tuvo que resignarse a rogar para que los dejaran pasar o salir del lugar donde viven. No hay forma de convencerlos. Te miran y se ríen, te impiden el paso… Los ejidatarios que poseen parcelas dentro de estos polígonos deseaban entrar a verificar que no fueran tocadas, como en las otras dos ocasiones del 11 de noviembre o 3 de abril, pero eran replegados y desde lejos observaron como derrumbaban la casita de la primera franja del ejido y como los trabajadores del metro saqueaban las laminas y las maquinas tiraban los muros de una de las casas de los ejidatarios que estaban en juicio. Decían a veces en voz alta a los granaderos: todavía no terminan los juicios.
Entre al ejido a las 9:30 y para hacerlo tuve que dar una vuelta de casi cinco kilómetros. En el camino vi decenas de camiones de granaderos apostados en el pedazo de la Av. Tláhuac que le corresponde al pueblo de San Francisco Tlaltenco. Todos parados con cara de alerta. Algunos filmando nuestros rostros. Otros mirando en forma amenazante...
Toda la línea que tomaron a fuerza de tolete y violencia la recorrí. Vi y oí cosas disímbolas: Mujeres adolescentes con los ojos llenos de miedo cuidando sus tierras ejidales con el siguiente lema en los labios “mis papás andan en los tribunales recogiendo el amparo que nos protege contra esto”. Personas de lucha que decían: voy a defender con todo. Funcionarios del GDF tomado café y fingiendo que todo era para nuestro bien. Un funcionario apeidado Cervantes hablando con un niño de 12 años, teniendo detrás a 50 granaderos montados a caballo, convenciéndolo para convencerse le dice “te lo vamos a pagar, no te preocupes”. Flor Canseco, reportera del Milenio, entrevistando al Comisario ejidal Juan Carlos quién se defendía argumentando que los lideres que resguardan el medio ambiente y el ejido de San Francisco Tlaltenco son “una minoría de necios y que las obras van a seguir”.
En el Arco, puerta de piedra de Tlaltenco, pocas decenas de personas intentan tomar una calle en señal de protesta. Los de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal les dicen que no porque pueden ser agredidos. Algunos pobladores les le dicen a la CDHDF que se estaba dando la ocupación de las tierras pese a que existe un amparo y que el día 27 julio se acordó frente al Fiscal del Ministerio Público de Tláhuac, entre los representantes del Metro y los ejidatarios, no hacer ningún movimiento hasta que se llevará acabo la audiencia de tal amparo el día 11 de agosto. La CDHDF llega a 14 horas del día y piden información a los ejidatarios que seguían esperando poder entrar a sus parcelas que ocupa por la fuerza el GDF. La comisión pide se acerque el encargado de la maniobra y se presenta un funcionarios quien indica que los actos son totalmente legales y que no se esta haciendo ninguna violación de los derechos de los habitantes del ejido. Acto seguido los representantes de la CDHDF entran y al resto de los ejidatarios se les niega el paso. Los representantes de la CDHDF salen y señalan que el día 3 de agosto se falló en contra de las ejidatarios y es por eso que los más de tres mil elementos de seguridad venían en compañía de las autoridades del GDF para tomar posesión de esos cuarenta metros de los cuatro juicios que se habían perdido. La gente argumenta que es una vil mentira.
Son casi las cuatro de la tarde. Aparecen dos camiones de Fuerzas Tareas, hombres musculosos de más de 1.80 metros de estatura que quedan a 10 metros. Vienen cargando extintores, vienen casi cubiertos con mascaras anti-gas. Miran a los ejidatarios y se ríen. Luego se meten al ejido. Pasan 10 minutos y recibo una llamada, Héctor Mendoza me pide auxilio: los de Fuerza de tarea quieren entrar a una parcela que no ha vendido, pero no entienden razones, me dice. Se corta la llamada, tomo un transporte y me dirijo a donde intuyo que están. Marco a su celular, se tarda en contestar… entra la llamada… se oyen gritos… se corta la llamada… me tensa el sonido de varias patrullas y paneles que corren en sentido contrario… se acercan… aprieto los puños y los labios… me encomiendo a Dios… se acercan paneles a toda velocidad y con la sirena prendida… me subo a una barda y veo como lo llevan: botas de policías y civiles sobre el cuerpo acostado de Héctor, su cara contra el piso de la panel... se ve otra panel, ocurre lo mismo con el otro compañero llamada también Héctor.
La lluvia y granizo cayó por la tarde. Ya Héctor entraba al Ministerio Público de Tlàhuac. Me meto a la parcela tomada por cientos de granaderos. Camino, no levanto la cara… veo a las adolescentes con las mandíbulas trabadas de miedo, les exigen que saquen sus cosas. Les digo a los que mandan: que valientes contra unas niñas!!! Un funcionario de apeido Cervantes me grita y manotea en la cara: y tú quién eres pendejo!!!. Lo miro a la cara y se le nota el miedo que encubre la barbarie que están cometiendo. Una persona me pide que ayude a sacar las cosas y me toma del brazo.
Una joven de 15 años, estaba muy espantada por la forma en que estas autoridades las estaban presionando, un poblador del ejido negocio con Victor Cadena, funcionario de la Delegación de Tlàhuac, que dejaran a los niños y que sacara sus funcionarios de la parcela pues estos jovencitos no representaban ningún peligro y le pedia que esperaran a sus padres que estaban con el abogado para que les informara del lanzamiento. Cadena argumento que los trabajadores se les iban a ir porque ya era su hora de salida y que era muy tarde, que iban a sacar los muebles y que él les pagaban el costo del cuarto de láminas de cartón. Empieza la lluvia y alguien me pide vaya a otra parte del ejido para hablar con Bojorhes, otro funcionario del GDF que estaba validando la invasión. Nos subimos a la camioneta que más adelante se detiene por la cantidad de maquinas y trascabos que hay en el camino.
Voy con cuatro personas más, empieza el granizo y todo mundo a correr. Me meto en una casa y espero que el agua pase. Al rato salgo y voy de nuevo a ver esas niñas que quedaron atrás. Jamás olvidaré lo que vi: tres niñas corriendo entre el ejido con cientos de granaderos de fondo. Nos ven y gritan: Se llevaron a mi papá y a mi hermano!!!. En el tiempo que nos fuimos llegaron los padres y familia de estas niñas. Intentaron mostrar que todavía no hay sentencia ni de su amparo ni de su juicio, pero se negaron a escuchar los del Metro y se llevaron con golpes a cinco personas, entre ellas a un menor de edad. La madre de ellas nos alcanzó y nos comentó: nadie quiere ver mi amparo!!!! Después nos miró y nos pidió: pueden pedirle al vecino que guarde mis cosas…
La lluvia seguía. Ver a los granaderos y los funcionarios del Metro y del GDF bien cobijados y bien comidos, mientras tres personas y yo levantábamos las cosas de los detenidos: estufa, cama, sillones, trastes que tiradas en la tierra y el lodo eran testigos de la democracia del Sr. Marcelo Ebrard, Jefe del Gobierno del Distrito Federal, nos da a la gente de la ciudad y de San Francisco Tlaltenco. Cargamos y acomodamos lo que pudimos, la noche llegó, sentí tan feo dejar varios borregos, gallinas y conejos junto a tanto granadero hambriento….
P.D. Recibo una llamada: los cuatro presos políticos que deja hoy la acción del Señor Marcelo Ebrard seguirán en el Ministerio Público de Tláhuac mientras se define su situación jurídica.
Agosto 6, 2009
YO TE NOMBRO LIBERTAD, CREANDO CONCIENCIA
No dejaban salir o entrar a nadie. La gente que vive en el ejido tuvo que resignarse a rogar para que los dejaran pasar o salir del lugar donde viven. No hay forma de convencerlos. Te miran y se ríen, te impiden el paso… Los ejidatarios que poseen parcelas dentro de estos polígonos deseaban entrar a verificar que no fueran tocadas, como en las otras dos ocasiones del 11 de noviembre o 3 de abril, pero eran replegados y desde lejos observaron como derrumbaban la casita de la primera franja del ejido y como los trabajadores del metro saqueaban las laminas y las maquinas tiraban los muros de una de las casas de los ejidatarios que estaban en juicio. Decían a veces en voz alta a los granaderos: todavía no terminan los juicios.
Entre al ejido a las 9:30 y para hacerlo tuve que dar una vuelta de casi cinco kilómetros. En el camino vi decenas de camiones de granaderos apostados en el pedazo de la Av. Tláhuac que le corresponde al pueblo de San Francisco Tlaltenco. Todos parados con cara de alerta. Algunos filmando nuestros rostros. Otros mirando en forma amenazante...
Toda la línea que tomaron a fuerza de tolete y violencia la recorrí. Vi y oí cosas disímbolas: Mujeres adolescentes con los ojos llenos de miedo cuidando sus tierras ejidales con el siguiente lema en los labios “mis papás andan en los tribunales recogiendo el amparo que nos protege contra esto”. Personas de lucha que decían: voy a defender con todo. Funcionarios del GDF tomado café y fingiendo que todo era para nuestro bien. Un funcionario apeidado Cervantes hablando con un niño de 12 años, teniendo detrás a 50 granaderos montados a caballo, convenciéndolo para convencerse le dice “te lo vamos a pagar, no te preocupes”. Flor Canseco, reportera del Milenio, entrevistando al Comisario ejidal Juan Carlos quién se defendía argumentando que los lideres que resguardan el medio ambiente y el ejido de San Francisco Tlaltenco son “una minoría de necios y que las obras van a seguir”.
En el Arco, puerta de piedra de Tlaltenco, pocas decenas de personas intentan tomar una calle en señal de protesta. Los de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal les dicen que no porque pueden ser agredidos. Algunos pobladores les le dicen a la CDHDF que se estaba dando la ocupación de las tierras pese a que existe un amparo y que el día 27 julio se acordó frente al Fiscal del Ministerio Público de Tláhuac, entre los representantes del Metro y los ejidatarios, no hacer ningún movimiento hasta que se llevará acabo la audiencia de tal amparo el día 11 de agosto. La CDHDF llega a 14 horas del día y piden información a los ejidatarios que seguían esperando poder entrar a sus parcelas que ocupa por la fuerza el GDF. La comisión pide se acerque el encargado de la maniobra y se presenta un funcionarios quien indica que los actos son totalmente legales y que no se esta haciendo ninguna violación de los derechos de los habitantes del ejido. Acto seguido los representantes de la CDHDF entran y al resto de los ejidatarios se les niega el paso. Los representantes de la CDHDF salen y señalan que el día 3 de agosto se falló en contra de las ejidatarios y es por eso que los más de tres mil elementos de seguridad venían en compañía de las autoridades del GDF para tomar posesión de esos cuarenta metros de los cuatro juicios que se habían perdido. La gente argumenta que es una vil mentira.
Son casi las cuatro de la tarde. Aparecen dos camiones de Fuerzas Tareas, hombres musculosos de más de 1.80 metros de estatura que quedan a 10 metros. Vienen cargando extintores, vienen casi cubiertos con mascaras anti-gas. Miran a los ejidatarios y se ríen. Luego se meten al ejido. Pasan 10 minutos y recibo una llamada, Héctor Mendoza me pide auxilio: los de Fuerza de tarea quieren entrar a una parcela que no ha vendido, pero no entienden razones, me dice. Se corta la llamada, tomo un transporte y me dirijo a donde intuyo que están. Marco a su celular, se tarda en contestar… entra la llamada… se oyen gritos… se corta la llamada… me tensa el sonido de varias patrullas y paneles que corren en sentido contrario… se acercan… aprieto los puños y los labios… me encomiendo a Dios… se acercan paneles a toda velocidad y con la sirena prendida… me subo a una barda y veo como lo llevan: botas de policías y civiles sobre el cuerpo acostado de Héctor, su cara contra el piso de la panel... se ve otra panel, ocurre lo mismo con el otro compañero llamada también Héctor.
La lluvia y granizo cayó por la tarde. Ya Héctor entraba al Ministerio Público de Tlàhuac. Me meto a la parcela tomada por cientos de granaderos. Camino, no levanto la cara… veo a las adolescentes con las mandíbulas trabadas de miedo, les exigen que saquen sus cosas. Les digo a los que mandan: que valientes contra unas niñas!!! Un funcionario de apeido Cervantes me grita y manotea en la cara: y tú quién eres pendejo!!!. Lo miro a la cara y se le nota el miedo que encubre la barbarie que están cometiendo. Una persona me pide que ayude a sacar las cosas y me toma del brazo.
Una joven de 15 años, estaba muy espantada por la forma en que estas autoridades las estaban presionando, un poblador del ejido negocio con Victor Cadena, funcionario de la Delegación de Tlàhuac, que dejaran a los niños y que sacara sus funcionarios de la parcela pues estos jovencitos no representaban ningún peligro y le pedia que esperaran a sus padres que estaban con el abogado para que les informara del lanzamiento. Cadena argumento que los trabajadores se les iban a ir porque ya era su hora de salida y que era muy tarde, que iban a sacar los muebles y que él les pagaban el costo del cuarto de láminas de cartón. Empieza la lluvia y alguien me pide vaya a otra parte del ejido para hablar con Bojorhes, otro funcionario del GDF que estaba validando la invasión. Nos subimos a la camioneta que más adelante se detiene por la cantidad de maquinas y trascabos que hay en el camino.
Voy con cuatro personas más, empieza el granizo y todo mundo a correr. Me meto en una casa y espero que el agua pase. Al rato salgo y voy de nuevo a ver esas niñas que quedaron atrás. Jamás olvidaré lo que vi: tres niñas corriendo entre el ejido con cientos de granaderos de fondo. Nos ven y gritan: Se llevaron a mi papá y a mi hermano!!!. En el tiempo que nos fuimos llegaron los padres y familia de estas niñas. Intentaron mostrar que todavía no hay sentencia ni de su amparo ni de su juicio, pero se negaron a escuchar los del Metro y se llevaron con golpes a cinco personas, entre ellas a un menor de edad. La madre de ellas nos alcanzó y nos comentó: nadie quiere ver mi amparo!!!! Después nos miró y nos pidió: pueden pedirle al vecino que guarde mis cosas…
La lluvia seguía. Ver a los granaderos y los funcionarios del Metro y del GDF bien cobijados y bien comidos, mientras tres personas y yo levantábamos las cosas de los detenidos: estufa, cama, sillones, trastes que tiradas en la tierra y el lodo eran testigos de la democracia del Sr. Marcelo Ebrard, Jefe del Gobierno del Distrito Federal, nos da a la gente de la ciudad y de San Francisco Tlaltenco. Cargamos y acomodamos lo que pudimos, la noche llegó, sentí tan feo dejar varios borregos, gallinas y conejos junto a tanto granadero hambriento….
P.D. Recibo una llamada: los cuatro presos políticos que deja hoy la acción del Señor Marcelo Ebrard seguirán en el Ministerio Público de Tláhuac mientras se define su situación jurídica.
Agosto 6, 2009
YO TE NOMBRO LIBERTAD, CREANDO CONCIENCIA
¡Mizu ... mizu ... mizu ... mizu!
Publicado por Aguila en 8/06/2009 09:42:00 a.m.
Hace 64 años, un presidente de Estados Unidos, Harry Salomón Truman, perpetró el mayor atentado terrorista de la historia, que mató a unos 200,000 seres humanos, en más de un 94% civiles inocentes.
Carlos Rivero Collado
1-. La obra maestra del Imperio Terrorista
A las ocho y dieciséis minutos con cuatro segundos de la mañana del lunes 6 de agosto de 1945, hora de Japón, una bomba atómica de uranio de 9,000 libras de peso con un poder de destrucción equivalente al de unas 13,500 toneladas de TNT, hizo explosión, a 618 metros de altura, sobre el centro de Hiroshima, creando una fuente de calor superior a los 3,000 grados centígrados que mató a unos 130,000 seres humanos, y creó una nube radioactiva que provocó la muerte posterior de unas 70,000 personas más.
El hipocentro proyectado, o sea el punto exacto sobre el cual debía hacer explosión la bomba, era el puente Aioi, en el mero centro de la ciudad, a 40 metros de la Escuela Elemental Honkawa; pero el terrorista nuclear, mayor de la Fuerza Aérea de Estados Unidos Thomas Ferebee, erró el tiro y la bomba hizo explosión, a la misma altura, sobre el Hospital Civil Shima, a 240 metros del puente y a 200 de la escuela. Del hospital no quedaron ni las bacterias y en la escuela murieron –quemados vivos--, segundos, minutos u horas después, casi todos los niños, maestros y empleados. Ellos fueron los afortunados porque los otros se fueron muriendo, lentamente, semanas o meses despues.
A unos tres kilómetros del hospital estaba el Castillo de Hiroshima y el Campo de Ejercicios del Este, cuartel general del Segundo Ejército Japonés, que era el que defendía el extremo suroeste de la isla Honshu y las islas de Kyushu y Shikoku, por las que se suponía que debía llegar la invasión de las tropas estadounidenses a las grandes islas japonesas después de haber ocupado Iwo Jima y Okinawa.
De los 30,000 militares que se hallaban en el castillo y las instalaciones aledañas, murieron unos 600, o sea el 2% de los militares y el 0.4% de las 130,000 personas que murieron aquel día. Se desconoce el número de militares que murieron después por los efectos de la radioactividad, pero se cree que puede haber sido un 5% del total, o sea unos 3,500 de los 70,000 que perecieron de esa forma. De manera que de los 200,000 muertos inmediatos o posteriores, alrededor de 4,100 eran militares o ex-militares, y 195,900 civiles, el 94.8% del total de muertos (cálculo aproximado, no exacto)
El avión B-29 “Enola Gay”, que cargaba la bomba, volaba a 32,000 pies de altura, o sea era inexpugnable a las baterías antiaéreas, y en Hiroshima había muy pocos aviones cazas, pues los que no habían sido destruidos en los masivos bombardeos que sufrieron todos los aeropuertos japoneses en los meses anteriores, se hallaban, en ese momento, en Tokío, Osaka, Nagoya y otras ciudades del centro de Honshu, la isla en que vivía, y vive, la mayor parte de la población del archipiélago.
La bomba mató a más del 80% de las personas que se hallaban en un radio de 500 metros del hipocentro, o sea del Hospital Shima, al 60% de los que se hallaban de 500 a 1,000 metros, al 40% de los que se hallaban de 1,000 a 2,000 metros, y a un % indeterminado de los que estaban en un radio hasta de cinco kilómetros de la explosión.
De haber explotado la bomba sobre el Castillo de Hiroshima habrían muerto aquel día, al menos, 24,000 militares, entre ellos cientos de altos oficiales, y el sur del Japón hubiese quedado sin defensa militar, al menos por varias semanas, para oponese a la proyectada invasión de las tropas yanquis.
Pero no fue así. Los muertos, en su gran mayoría, fueron civiles inocentes … como hoy en Irak, Afganistán y Pakistán, como ayer en Gaza, como antier en Panamá y Vietnam y Santo Domingo, como antes en Filipinas y México y la guerra civil que el imperio se hizo a sí mismo y la masacre de la población nativa del país. La sangrienta beligeranciacontra los no-beligerantes es una característica típica del imperio yanqui.
2-. La misión preconcebida
El objetivo de aquel gran atentado terrorista no fue vencer al enemigo, que lo dejaba casi intacto en sus cuarteles, sino aterrorizar al mundo, sobre todo a la Unión Soviética, cuyas tropas habían vencido, tres mesesantes, a la maquinaria militar más temible de la historia, ocupando Berlín y la cancillería de Adolfo Hitler.
Estos simples datos prueban más allá de toda duda razonable –‘beyond any reasonable doubt’, para usar un término legal que les gusta mucho a los estadounidenses-- que la bomba de Hiroshima no fue una acción de guerra “para salvar la vida de cientos de miles de soldados americanos”, como dijera Truman en todos los muchos años que, increíblemente, le quedaron de vida, sino un atentado terrorista que tuvo la misión de asesinar el mayor número de civiles inocentes con el objetivo de aterrorizar no sólo al pueblo japonés, sino a la humanidad.
La esencia del imperio estadounidense desde su más temprano inicio, en 1783, ha sido el terror en su forma más absoluta. Hay miles de hechos históricos incontrovertibles que lo prueban en estos 226 años, en que el imperio no le ha dado al mundo, sobre todo al pueblo estadounidense, un solo día de paz.
Dos semanas antes del hecho, unos científicos del laboratorio Los Alamos, en el que se realizó el Proyecto Manhattan, recomendaron que se lanzara la bomba sobre unos bosques deshabitados que se hallaban al norte de Tokío para que el emperador Hirohito, el primer ministro Kantaro Suzuki y los jefes civiles y militares pudieran ver el monstruoso poder destructivo de la bomba y el gravísimo daño que podía hacer si se lanzaba sobre una ciudad. Pensaban esos científicos que eso iba a ser suficiente para convencer al gobierno japonés que no podía continuar una guerra que, de hecho, ya estaba perdida desde hacia varios meses, como informaban entonces los más reputados analistas militares del mundo, entre ellos los del propio Japón.
Los jefes civiles y militares de Estados Unidos no conocían que la bomba iba a desatar la radioactividad que mataría a tantas personas en los meses y años por venir, porque ni siquiera lo sabían Albert Einstein, con cuyas teorías se creó el principio científico de la bomba, ni Robert Oppenheimer, jefe del Proyecto Manhattan. Los efectos mortales de la radioactividad fueron descubiertos por un médico japonés mientras trataba a unos heridos en un hospital de campaña, en la propia Hiroshima, unos días después de la explosión. O sea que los muertos que posteriormente provocara la radioactividad no hubieran sido culpa de quienes desconocían sus efectos, y la idea de que la explosión tuviese lugar en aquellos bosques cercanos a Tokío era una apropiada estrategia militar para ponerle fin a la guerra, no un monstruoso asesinato masivo de niños, mujeres y ancianos, como realmente fue.
Truman insistió y persistió, y finalmente decidió, que la bomba fuese lanzada sobre una ciudad densamente poblada, y en su centro, sellando así la suerte de los que murieron aquel día y en los meses y años posteriores y de las decenas de miles que fueron quemados, muchos de ellos con graves desfiguraciones permanentes en el rostro y el cuerpo, conocidos como los hibakushas de Japón.
3-. El Microdiós Destructor
Los tres jefes de las potencias aliadas, Churchill, Stalin y Truman, se reunieron en Postdam, un pueblo cercano a Berlín, a partir del 15 de julio de 1945, para decidir la suerte de Alemania dos meses y medio después de su rendición, y llegar a algunos acuerdos sobre la guerra contra Japón, de la que la URSS era neutral en ese momento (A mitad de la conferencia, el electorado británico, cansado ya quizás de la retórica guerrerista de Churchill, votó en mayoría por el Partido Laborista y la Cámara de los Comunes eligió al líder de ese partido, Clemente Attle, como el nuevo primer ministro británico, por lo que en las últimas reuniones de Postdam, “el Tercer Grande” ya no era Churchill)
El 16 de julio, Truman recibió la noticia, en secreto por supuesto, de que la prueba atómica de Trinity, o sea la explosión de la bomba atómica original, de plutonio, en un desierto de Nuevo México próximo a Alamogordo, había sido un éxito. Era, en ese momento, el único ser humano que disponía del artefacto terrorista más poderoso de la historia, con el que podía destruir una ciudad entera en pocos segundos y asesinar a cientos de miles de sus habitantes.
La que había sido en Truman una actitud discreta y respetuosa hacia sus colegas el 15 de julio se convirtió al día siguiente en una burda insolencia, sobre todo hacia Stalin. El jefe yanqui ya tenía una estaca grande –el big stick de Teddy Roosevelt elevado a la máxima potencia--; el mariscal soviético sólo disponía, proporcionalmente, de un palo pequeño, a pesar de que había sido el gran héroe de laSegunda Guerra Mundial en la que perecieron muchos millones de soviéticos. Ese abismo de fuerzas sólo duró cuatro años.
El jefe del imperio más terrorista de la historia contaba ya con la obra maestra del terror, un arma que podía recrear en forma ultramicroscópica la explosión de la que se cree que dio origen al universo hace unos 15,000 millones de años, el Big Bang, o Gran Estallido, la única teoría seria, o sea no humorística, sobre el origen del tiempo, el espacio, la energía y la materia … la Creación.
El arma de Truman no se basaba en la división del núcleo del élam, el átomo original del que se cree que era una octillonava parte más pequeño que el átomo actual, sino un ultramicroestallido que no creó el caldo energético tan increíblemente compacto que ya tenía dentro de sí toda la materia que hoy existe en el universo. Era una réplica imperceptible de aquel macroestallido que, lejos de crear un universo, destruyó una ciudad, asesinando --quemando viva--, en pocas horas, a la tercera parte de sus habitantes.
De hecho, bajo el mismo principio científico, Truman se había convertido en el Microdiós Destructor de la infame Física, antítesis del Creador universal, o sea la noble Física.
4-. El ultimatum
El gobierno del primer ministro Kantaro Suzuki hizo dos proposiciones de paz. La primera era que Japón aceptaba rendirse si se reconocía a Hirohito como monarca constitucional y símbolo del Sintoísmo, la religión nacional. Truman la rechazó de plano. La otra era la abdicación de Hirohito si se respetaba la religión del país que consideraba al Emperador una deidad. Truman la rechazó también.
De acuerdo al Koshitsu Shinto, o sea el Sintoísmo de la Casa Imperial, Hirohito, el Emperador Showa, o sea el Emperador #124 del país, era descendiente del dios Amaterasu Ohmikami, uno de las deidades originales.
Por supuesto que todo eso es una suprema tontería para engañar a los ignorantes y dominar a los pueblos a través del culto, o sea el terrror sicológico, como todas las religiones, pero de la misma forma en que se respeta al Cristianismo, se debe respetar al Sintoísmo. Son dos novelas amenas en que los personajes centrales no son como Don Quijote sino como Supermán, y una no es mejor que la otra.
Esa actitud en extremo fanática de Truman, de rechazar los principios de una religión, era de una intolerancia tan exagerada que no se había visto jamás en la historia, y era el equivalente a hacer lo que no se hizo, o sea exigirle al pueblo alemán que dejase de creer en Jesucristo para que dos meses y medio antes se le pudiera aceptar la rendición.
El ultimatum de Postdam exigía “la rendición incondicional de todas las fuerzas armadas japonesas” y no hacía alusión alguna a Hirohito como símbolo religioso. Kantaro Suzuki, entonces, declaró:
--Nuestro gobierno no considera que el ultimatum tiene mucho valor en este momento. Lo que hemos de hacer es mokusatsu , o sea ignorarlo, como si no se hubiese recibido.
Era evidente que el Primer Ministro esperaba otra comunicación por parte de Truman en la que, por lo menos, se hiciese alguna alusión al Emperador como símbolo de la religión del país. Truman interpretó la palabra mokusatsu no en su verdadero significado, sino en el que a él le convenía, o sea que se trataba de un rechazo total al ultimatum. De haber dicho Truman tan sólo que respetaría su religión nacional, Japón se hubiese rendido; pero eso no le convenía al Imperio Terrorista porque no hubiera podido, entonces, aterrorizar al mundo con el supremo artefacto del terror.
La suerte de Hiroshima estaba sellada.
5-. La tragedia
Sobre Hiroshima se han escrito cientos de libros y miles de ensayos y artículos desde unas horas después del Pikadón, nombre o nomatopéyico que los japoneses le dieron al macroatentado terrorista. Toda persona sensible debe conocer, al menos, no sólo el hecho en sí, sino algunos detalles reveladores sobre aquella inmensa masacre, sobre todo de niños.
Por ello, recomiendo las obras de John Hersey (Hiroshima), Michihiko Hachiya (Diario de Hiroshima), Tadashi Isheda (A call from Hiroshima and Nagasaki), William D. Leahy (I was there), Virginia Naeve (Amigos de los Hibakushas), Kensaburo Oe (Notas sobre Hiroshima), Ralph Bard (La guerra estaba ganada antes de que usáramos la bomba atómica), William Craig (La Caída de Japón), Robert Jungk (Más brillante que mil soles), Arata Osada (Los niños de la bomba atómica), Martin J. Sherwin (Un mundo destruido) y otros más.
La obra que más me impresionó fue Day o ne -Día Uno-, del brillante escritor y periodista estadounidense Peter Wyden, por su estilo diáfano, elegante, directo y preciso, que cubre todo el proceso que culminó en el abominable crimen, desde los inicios del Proyecto Manhattan, las ‘causas’ que motivaron a Truman a dar la orden de que la bomba se lanzara no sobre los soldados sino los civiles; lo que sucedió en el avión ‘Enola Gay’ desde que salió de la isla de Tinian; el lanzamiento de la bomba; la conmovedora tragedia que sufrieron cientos de miles de seres humanos; lo que hizo Truman unos minutos después de recibir el cable que anunciaba el éxito total del estallido, y todo lo que sucedió después. Ningún escritor, ni siquiera los japoneses que sobrevivieron a la catástrofe en la propia ciudad, ha descrito en forma tan dramática los terribles sufrimientos de las decenas y decenas de miles de familias que vivían en Hiroshima.
Veamos algunos párrafos de lo que escribió Peter Wyden en su tan admirable obra:
--La señorita Horibe (maestra de la Honkawa, de dieciocho años de edad) salió de la escuela y, entre nubes de polvo arremolinado, espeso y oscuro, distinguió a seis niños que gemían tendidos en el terreno de juego, donde habían estado jugando al escondite. Sangraban y estaban ennegrecidos por las quemaduras. Jirones de piel colgaban de sus cuerpos. “¡Hacia el río, es la única salida! –gritó a los niños--. La misma corriente agitada del Motoyasu parecía incendiada. La mayoría de los numerosos cuerpos que pasaron flotando parecían sin vida. “¡Madre! ¡Madre! ¡Esto es el infierno en la tierra!” –gritaban los niños--. La mayor parte de los rostros y cuerpos estaban grotescamente hinchados por las quemaduras. El rostro, la camisa púrpura y los mompei de la señorita Horibe estaban manchados de sangre. Vomitaba continuamente un extraño líquido amarillo.
--Una masa de gente ennegrecida y sangrante cruzaba el puente, la línea de la vida. Tenían el cabello erecto, ensortijado por las quemaduras. Algunos gritaban o gemían. Muchos tendían manos y brazos ante ellos, con los codos hacia fuera. Otros se apoyaban entre sí y caminaban dando traspiés porque no podían ver.
--Un padre desnudo con un bebé en brazos intentó darle agua de un grifo que todavía funcionaba, sin darse cuenta que el niño estaba muerto, y la desesperada multitud procedente de la ciudad seguía en aumento.
--Había muchos escolares que gritaban llamando a sus madres y pidiendo auxilio, y miraban implorantes a Miyoko, una escolar de doce años de edad. La niña preguntó: “¿No eres Matsubara?” El rostro estaba tan ennegrecido que Miyoko no pudo reconocerla. “¡Soy Hiroko!”, exclamo la niña, pero Miyoko no pudo oírla.
--Las personas que se encontraban en el puente ya no saltaban al río. Estaba lleno de cadáveres flotantes, recordatorio de que el agua aliviadora podía convertirse pronto en una tumba para el cuerpo debilitado.
--Una niña de unos doce años detuvo a Hamai. Con el rostro, piernas y manos gravemente quemados, suplicaba ayuda. Hamai le buscó una silla y le dijo que se sentara y estuviera quieta, prometiéndole que regresaría pronto y la llevaría al hospital. La niña sonrió y se sentó. Cuando Hamai regresó unos minutos después, la pequeña seguía sentada en la silla. Hamai trató de levantarla. Estaba muerta.
--El puente estaba cubierto de cuerpos, vivos, moribundos y muertos. Muchos supervivientes gemían pidiendo ayuda.
--En lo que había sido su casa sólo encontró cenizas, fragmentos diminutos de escombros y la cabeza ennegrecida de su esposa. Quería quemarla enseguida, pero no había trozos de madera lo bastante grandes para un fuego. Guardó la cabeza de su mujer en la capucha protectora en caso de bombardeos, caminó durante dos horas hasta la casa de su madre y la quemó allí.
--Al cabo de unos minutos, largas colas de gentes casi desnudas pasaron a toda prisa, con el cabello tan desordenado que a Susumu le recordaron
un coco que había visto en un libro infantil ilustrado. Las coletas de algunas niñas se habían chamuscado y permanecían rígidas y erectas como cuernos. Muchas personas chillaban y corrían como cerdos perseguidos.
--En el hospital de la Cruz Roja, que, con 400 camas, era el mayor y más moderno de Hiroshima, los pacientes advertían su presencia pintando sus nombres con los dedos empapados en su propia sangre, en las paredes del vestíbulo.
--Tampoco dio ningún resultado la búsqueda de supervivientes en la fábrica de agujas Nido, adonde el tejado metálico se derrumbó y cuarenta y ocho obreros murieron.
--Vomitando, sufriendo diarreas debilitadoras y manchada por la lluvia negra, al fin encontró los huesos de sus abuelos.
--Algunos pacientes informaron que habían tenido hasta cincuenta deposiciones sanguinolentas en una noche. No había palanganas, y los pacientes orinaban y defecaban donde estaban tendidos. Apenas había personal para ayudar a los moribundos.
--No tenían rostro. Los ojos, narices y bocas se habían quemado y parecía como si se les hubieran fundido las orejas. Era difícil distinguir el frente de la espalda.
--“He visto depósitos de agua contra incendios llenos de muertos hasta el borde, parecía como si los hubiesen hervido vivos. Vi a un hombre que bebía el agua ensangrentada”.
--Tenían los rostros completamente quemados, las cuencas de los ojos vacías y el fluido de los ojos fundidos les corría por las mejillas.
--La diarrea sanguinolenta iba en aumento entre aquéllos que habían sufrido antes de diarrea ordinaria.
--Nadie más corría. La calle estaba llena de cuerpos chamuscados, hinchados, que andaban arrastrando los pies, lentamente, en silencio, a veces vomitando, alejándose de las llamas, de la ciudad, brazos y manos extendidos, jirones de piel aleteando bajo el viento creciente. Taeko –un niño de 15 años—pasó junto a unos amigos de la escuela y ninguno dio señales de reconocer a los demás. Sin aliento, se detuvo y vio a un niño de unos diez años inclinado sobre una niña mucho más pequeña. “¡Mako! ¡Mako! ¡Por favor, no te mueras!” –gritaba el niño--. La niñita permanecía en silencio. “¡¿Estás muerta, Mako?!” El chiquillo acunaba en sus brazos el cuerpo de su hermanita.
--Cuando había ascendido a la mitad de la colina, Taeko, ahora con el rostro tan hinchado que sólo podía ver a través de una diminuta abertura de su párpado derecho, encontró una larga cola de heridos sentados ante un puesto de socorro de emergencia, bajo un puente colgante. Gritaban:
--“¡Mizu! ¡mizu! ¡mizu! ¡mizu! --¡Agua! ¡agua! ¡agua! ¡agua!--. Varios pedían gimiendo que les hicieran el favor de matarles.
6-. La fiesta
Al concluir la Conferencia de Postdam, Truman emprendió el regreso su país a bordo del acorazado Augusta.
George Harrison, ayudante de Henry L. Stimson, Secretario de Guerra, le envió un mensaje a través del teléfono criptográfico en el que le anunciaba el éxito absoluto de la explosión atómica.
Veamos como describe Peter Wyden, en Día Uno, aquel momento:
--El presidente Truman había empezado a almorzar con seis miembros de las Fuerzas Armadas en el comedor de popa del Augusta. No terminó la comida. El capitán del ejército encargado de la “sala de mapas” itinerante de la Casa Blanca entró, precipitadamente, y le mostró un mapa de Japón y un mensaje de veintiséis palabras que empezaba así: “Gran bomba arrojada sobre Hiroshima”. El Presidente respiró hondo, cogió la mano del capitán y exclamó: “¡Este es el día más grande de la historia!”.
--Mientras los hombres lanzaban vivas, el Presidente cruzó la puerta con los mensajes en la mano y, sonriendo orgulloso, entró en el comedor de oficiales. Agitó la mano para que los hombres siguieran en sus puestos sin levantarse y repitió el sensacional anuncio. “Fue un éxito arrollador” –dijo, exultante--. “¡Ganamos la apuesta!”.
--Mientras extendía la noticia por el barco, decía que ninguno de los comunicados que había recibido hasta entonces le había hecho tan feliz.
Aquel día hubo una gran celebración a bordo del Augusta
http://www.youtube.com/watch?v=6Mn3UIE19Ek
Carlos Rivero Collado
1-. La obra maestra del Imperio Terrorista
A las ocho y dieciséis minutos con cuatro segundos de la mañana del lunes 6 de agosto de 1945, hora de Japón, una bomba atómica de uranio de 9,000 libras de peso con un poder de destrucción equivalente al de unas 13,500 toneladas de TNT, hizo explosión, a 618 metros de altura, sobre el centro de Hiroshima, creando una fuente de calor superior a los 3,000 grados centígrados que mató a unos 130,000 seres humanos, y creó una nube radioactiva que provocó la muerte posterior de unas 70,000 personas más.
El hipocentro proyectado, o sea el punto exacto sobre el cual debía hacer explosión la bomba, era el puente Aioi, en el mero centro de la ciudad, a 40 metros de la Escuela Elemental Honkawa; pero el terrorista nuclear, mayor de la Fuerza Aérea de Estados Unidos Thomas Ferebee, erró el tiro y la bomba hizo explosión, a la misma altura, sobre el Hospital Civil Shima, a 240 metros del puente y a 200 de la escuela. Del hospital no quedaron ni las bacterias y en la escuela murieron –quemados vivos--, segundos, minutos u horas después, casi todos los niños, maestros y empleados. Ellos fueron los afortunados porque los otros se fueron muriendo, lentamente, semanas o meses despues.
A unos tres kilómetros del hospital estaba el Castillo de Hiroshima y el Campo de Ejercicios del Este, cuartel general del Segundo Ejército Japonés, que era el que defendía el extremo suroeste de la isla Honshu y las islas de Kyushu y Shikoku, por las que se suponía que debía llegar la invasión de las tropas estadounidenses a las grandes islas japonesas después de haber ocupado Iwo Jima y Okinawa.
De los 30,000 militares que se hallaban en el castillo y las instalaciones aledañas, murieron unos 600, o sea el 2% de los militares y el 0.4% de las 130,000 personas que murieron aquel día. Se desconoce el número de militares que murieron después por los efectos de la radioactividad, pero se cree que puede haber sido un 5% del total, o sea unos 3,500 de los 70,000 que perecieron de esa forma. De manera que de los 200,000 muertos inmediatos o posteriores, alrededor de 4,100 eran militares o ex-militares, y 195,900 civiles, el 94.8% del total de muertos (cálculo aproximado, no exacto)
El avión B-29 “Enola Gay”, que cargaba la bomba, volaba a 32,000 pies de altura, o sea era inexpugnable a las baterías antiaéreas, y en Hiroshima había muy pocos aviones cazas, pues los que no habían sido destruidos en los masivos bombardeos que sufrieron todos los aeropuertos japoneses en los meses anteriores, se hallaban, en ese momento, en Tokío, Osaka, Nagoya y otras ciudades del centro de Honshu, la isla en que vivía, y vive, la mayor parte de la población del archipiélago.
La bomba mató a más del 80% de las personas que se hallaban en un radio de 500 metros del hipocentro, o sea del Hospital Shima, al 60% de los que se hallaban de 500 a 1,000 metros, al 40% de los que se hallaban de 1,000 a 2,000 metros, y a un % indeterminado de los que estaban en un radio hasta de cinco kilómetros de la explosión.
De haber explotado la bomba sobre el Castillo de Hiroshima habrían muerto aquel día, al menos, 24,000 militares, entre ellos cientos de altos oficiales, y el sur del Japón hubiese quedado sin defensa militar, al menos por varias semanas, para oponese a la proyectada invasión de las tropas yanquis.
Pero no fue así. Los muertos, en su gran mayoría, fueron civiles inocentes … como hoy en Irak, Afganistán y Pakistán, como ayer en Gaza, como antier en Panamá y Vietnam y Santo Domingo, como antes en Filipinas y México y la guerra civil que el imperio se hizo a sí mismo y la masacre de la población nativa del país. La sangrienta beligeranciacontra los no-beligerantes es una característica típica del imperio yanqui.
2-. La misión preconcebida
El objetivo de aquel gran atentado terrorista no fue vencer al enemigo, que lo dejaba casi intacto en sus cuarteles, sino aterrorizar al mundo, sobre todo a la Unión Soviética, cuyas tropas habían vencido, tres mesesantes, a la maquinaria militar más temible de la historia, ocupando Berlín y la cancillería de Adolfo Hitler.
Estos simples datos prueban más allá de toda duda razonable –‘beyond any reasonable doubt’, para usar un término legal que les gusta mucho a los estadounidenses-- que la bomba de Hiroshima no fue una acción de guerra “para salvar la vida de cientos de miles de soldados americanos”, como dijera Truman en todos los muchos años que, increíblemente, le quedaron de vida, sino un atentado terrorista que tuvo la misión de asesinar el mayor número de civiles inocentes con el objetivo de aterrorizar no sólo al pueblo japonés, sino a la humanidad.
La esencia del imperio estadounidense desde su más temprano inicio, en 1783, ha sido el terror en su forma más absoluta. Hay miles de hechos históricos incontrovertibles que lo prueban en estos 226 años, en que el imperio no le ha dado al mundo, sobre todo al pueblo estadounidense, un solo día de paz.
Dos semanas antes del hecho, unos científicos del laboratorio Los Alamos, en el que se realizó el Proyecto Manhattan, recomendaron que se lanzara la bomba sobre unos bosques deshabitados que se hallaban al norte de Tokío para que el emperador Hirohito, el primer ministro Kantaro Suzuki y los jefes civiles y militares pudieran ver el monstruoso poder destructivo de la bomba y el gravísimo daño que podía hacer si se lanzaba sobre una ciudad. Pensaban esos científicos que eso iba a ser suficiente para convencer al gobierno japonés que no podía continuar una guerra que, de hecho, ya estaba perdida desde hacia varios meses, como informaban entonces los más reputados analistas militares del mundo, entre ellos los del propio Japón.
Los jefes civiles y militares de Estados Unidos no conocían que la bomba iba a desatar la radioactividad que mataría a tantas personas en los meses y años por venir, porque ni siquiera lo sabían Albert Einstein, con cuyas teorías se creó el principio científico de la bomba, ni Robert Oppenheimer, jefe del Proyecto Manhattan. Los efectos mortales de la radioactividad fueron descubiertos por un médico japonés mientras trataba a unos heridos en un hospital de campaña, en la propia Hiroshima, unos días después de la explosión. O sea que los muertos que posteriormente provocara la radioactividad no hubieran sido culpa de quienes desconocían sus efectos, y la idea de que la explosión tuviese lugar en aquellos bosques cercanos a Tokío era una apropiada estrategia militar para ponerle fin a la guerra, no un monstruoso asesinato masivo de niños, mujeres y ancianos, como realmente fue.
Truman insistió y persistió, y finalmente decidió, que la bomba fuese lanzada sobre una ciudad densamente poblada, y en su centro, sellando así la suerte de los que murieron aquel día y en los meses y años posteriores y de las decenas de miles que fueron quemados, muchos de ellos con graves desfiguraciones permanentes en el rostro y el cuerpo, conocidos como los hibakushas de Japón.
3-. El Microdiós Destructor
Los tres jefes de las potencias aliadas, Churchill, Stalin y Truman, se reunieron en Postdam, un pueblo cercano a Berlín, a partir del 15 de julio de 1945, para decidir la suerte de Alemania dos meses y medio después de su rendición, y llegar a algunos acuerdos sobre la guerra contra Japón, de la que la URSS era neutral en ese momento (A mitad de la conferencia, el electorado británico, cansado ya quizás de la retórica guerrerista de Churchill, votó en mayoría por el Partido Laborista y la Cámara de los Comunes eligió al líder de ese partido, Clemente Attle, como el nuevo primer ministro británico, por lo que en las últimas reuniones de Postdam, “el Tercer Grande” ya no era Churchill)
El 16 de julio, Truman recibió la noticia, en secreto por supuesto, de que la prueba atómica de Trinity, o sea la explosión de la bomba atómica original, de plutonio, en un desierto de Nuevo México próximo a Alamogordo, había sido un éxito. Era, en ese momento, el único ser humano que disponía del artefacto terrorista más poderoso de la historia, con el que podía destruir una ciudad entera en pocos segundos y asesinar a cientos de miles de sus habitantes.
La que había sido en Truman una actitud discreta y respetuosa hacia sus colegas el 15 de julio se convirtió al día siguiente en una burda insolencia, sobre todo hacia Stalin. El jefe yanqui ya tenía una estaca grande –el big stick de Teddy Roosevelt elevado a la máxima potencia--; el mariscal soviético sólo disponía, proporcionalmente, de un palo pequeño, a pesar de que había sido el gran héroe de laSegunda Guerra Mundial en la que perecieron muchos millones de soviéticos. Ese abismo de fuerzas sólo duró cuatro años.
El jefe del imperio más terrorista de la historia contaba ya con la obra maestra del terror, un arma que podía recrear en forma ultramicroscópica la explosión de la que se cree que dio origen al universo hace unos 15,000 millones de años, el Big Bang, o Gran Estallido, la única teoría seria, o sea no humorística, sobre el origen del tiempo, el espacio, la energía y la materia … la Creación.
El arma de Truman no se basaba en la división del núcleo del élam, el átomo original del que se cree que era una octillonava parte más pequeño que el átomo actual, sino un ultramicroestallido que no creó el caldo energético tan increíblemente compacto que ya tenía dentro de sí toda la materia que hoy existe en el universo. Era una réplica imperceptible de aquel macroestallido que, lejos de crear un universo, destruyó una ciudad, asesinando --quemando viva--, en pocas horas, a la tercera parte de sus habitantes.
De hecho, bajo el mismo principio científico, Truman se había convertido en el Microdiós Destructor de la infame Física, antítesis del Creador universal, o sea la noble Física.
4-. El ultimatum
El gobierno del primer ministro Kantaro Suzuki hizo dos proposiciones de paz. La primera era que Japón aceptaba rendirse si se reconocía a Hirohito como monarca constitucional y símbolo del Sintoísmo, la religión nacional. Truman la rechazó de plano. La otra era la abdicación de Hirohito si se respetaba la religión del país que consideraba al Emperador una deidad. Truman la rechazó también.
De acuerdo al Koshitsu Shinto, o sea el Sintoísmo de la Casa Imperial, Hirohito, el Emperador Showa, o sea el Emperador #124 del país, era descendiente del dios Amaterasu Ohmikami, uno de las deidades originales.
Por supuesto que todo eso es una suprema tontería para engañar a los ignorantes y dominar a los pueblos a través del culto, o sea el terrror sicológico, como todas las religiones, pero de la misma forma en que se respeta al Cristianismo, se debe respetar al Sintoísmo. Son dos novelas amenas en que los personajes centrales no son como Don Quijote sino como Supermán, y una no es mejor que la otra.
Esa actitud en extremo fanática de Truman, de rechazar los principios de una religión, era de una intolerancia tan exagerada que no se había visto jamás en la historia, y era el equivalente a hacer lo que no se hizo, o sea exigirle al pueblo alemán que dejase de creer en Jesucristo para que dos meses y medio antes se le pudiera aceptar la rendición.
El ultimatum de Postdam exigía “la rendición incondicional de todas las fuerzas armadas japonesas” y no hacía alusión alguna a Hirohito como símbolo religioso. Kantaro Suzuki, entonces, declaró:
--Nuestro gobierno no considera que el ultimatum tiene mucho valor en este momento. Lo que hemos de hacer es mokusatsu , o sea ignorarlo, como si no se hubiese recibido.
Era evidente que el Primer Ministro esperaba otra comunicación por parte de Truman en la que, por lo menos, se hiciese alguna alusión al Emperador como símbolo de la religión del país. Truman interpretó la palabra mokusatsu no en su verdadero significado, sino en el que a él le convenía, o sea que se trataba de un rechazo total al ultimatum. De haber dicho Truman tan sólo que respetaría su religión nacional, Japón se hubiese rendido; pero eso no le convenía al Imperio Terrorista porque no hubiera podido, entonces, aterrorizar al mundo con el supremo artefacto del terror.
La suerte de Hiroshima estaba sellada.
5-. La tragedia
Sobre Hiroshima se han escrito cientos de libros y miles de ensayos y artículos desde unas horas después del Pikadón, nombre o nomatopéyico que los japoneses le dieron al macroatentado terrorista. Toda persona sensible debe conocer, al menos, no sólo el hecho en sí, sino algunos detalles reveladores sobre aquella inmensa masacre, sobre todo de niños.
Por ello, recomiendo las obras de John Hersey (Hiroshima), Michihiko Hachiya (Diario de Hiroshima), Tadashi Isheda (A call from Hiroshima and Nagasaki), William D. Leahy (I was there), Virginia Naeve (Amigos de los Hibakushas), Kensaburo Oe (Notas sobre Hiroshima), Ralph Bard (La guerra estaba ganada antes de que usáramos la bomba atómica), William Craig (La Caída de Japón), Robert Jungk (Más brillante que mil soles), Arata Osada (Los niños de la bomba atómica), Martin J. Sherwin (Un mundo destruido) y otros más.
La obra que más me impresionó fue Day o ne -Día Uno-, del brillante escritor y periodista estadounidense Peter Wyden, por su estilo diáfano, elegante, directo y preciso, que cubre todo el proceso que culminó en el abominable crimen, desde los inicios del Proyecto Manhattan, las ‘causas’ que motivaron a Truman a dar la orden de que la bomba se lanzara no sobre los soldados sino los civiles; lo que sucedió en el avión ‘Enola Gay’ desde que salió de la isla de Tinian; el lanzamiento de la bomba; la conmovedora tragedia que sufrieron cientos de miles de seres humanos; lo que hizo Truman unos minutos después de recibir el cable que anunciaba el éxito total del estallido, y todo lo que sucedió después. Ningún escritor, ni siquiera los japoneses que sobrevivieron a la catástrofe en la propia ciudad, ha descrito en forma tan dramática los terribles sufrimientos de las decenas y decenas de miles de familias que vivían en Hiroshima.
Veamos algunos párrafos de lo que escribió Peter Wyden en su tan admirable obra:
--La señorita Horibe (maestra de la Honkawa, de dieciocho años de edad) salió de la escuela y, entre nubes de polvo arremolinado, espeso y oscuro, distinguió a seis niños que gemían tendidos en el terreno de juego, donde habían estado jugando al escondite. Sangraban y estaban ennegrecidos por las quemaduras. Jirones de piel colgaban de sus cuerpos. “¡Hacia el río, es la única salida! –gritó a los niños--. La misma corriente agitada del Motoyasu parecía incendiada. La mayoría de los numerosos cuerpos que pasaron flotando parecían sin vida. “¡Madre! ¡Madre! ¡Esto es el infierno en la tierra!” –gritaban los niños--. La mayor parte de los rostros y cuerpos estaban grotescamente hinchados por las quemaduras. El rostro, la camisa púrpura y los mompei de la señorita Horibe estaban manchados de sangre. Vomitaba continuamente un extraño líquido amarillo.
--Una masa de gente ennegrecida y sangrante cruzaba el puente, la línea de la vida. Tenían el cabello erecto, ensortijado por las quemaduras. Algunos gritaban o gemían. Muchos tendían manos y brazos ante ellos, con los codos hacia fuera. Otros se apoyaban entre sí y caminaban dando traspiés porque no podían ver.
--Un padre desnudo con un bebé en brazos intentó darle agua de un grifo que todavía funcionaba, sin darse cuenta que el niño estaba muerto, y la desesperada multitud procedente de la ciudad seguía en aumento.
--Había muchos escolares que gritaban llamando a sus madres y pidiendo auxilio, y miraban implorantes a Miyoko, una escolar de doce años de edad. La niña preguntó: “¿No eres Matsubara?” El rostro estaba tan ennegrecido que Miyoko no pudo reconocerla. “¡Soy Hiroko!”, exclamo la niña, pero Miyoko no pudo oírla.
--Las personas que se encontraban en el puente ya no saltaban al río. Estaba lleno de cadáveres flotantes, recordatorio de que el agua aliviadora podía convertirse pronto en una tumba para el cuerpo debilitado.
--Una niña de unos doce años detuvo a Hamai. Con el rostro, piernas y manos gravemente quemados, suplicaba ayuda. Hamai le buscó una silla y le dijo que se sentara y estuviera quieta, prometiéndole que regresaría pronto y la llevaría al hospital. La niña sonrió y se sentó. Cuando Hamai regresó unos minutos después, la pequeña seguía sentada en la silla. Hamai trató de levantarla. Estaba muerta.
--El puente estaba cubierto de cuerpos, vivos, moribundos y muertos. Muchos supervivientes gemían pidiendo ayuda.
--En lo que había sido su casa sólo encontró cenizas, fragmentos diminutos de escombros y la cabeza ennegrecida de su esposa. Quería quemarla enseguida, pero no había trozos de madera lo bastante grandes para un fuego. Guardó la cabeza de su mujer en la capucha protectora en caso de bombardeos, caminó durante dos horas hasta la casa de su madre y la quemó allí.
--Al cabo de unos minutos, largas colas de gentes casi desnudas pasaron a toda prisa, con el cabello tan desordenado que a Susumu le recordaron
un coco que había visto en un libro infantil ilustrado. Las coletas de algunas niñas se habían chamuscado y permanecían rígidas y erectas como cuernos. Muchas personas chillaban y corrían como cerdos perseguidos.
--En el hospital de la Cruz Roja, que, con 400 camas, era el mayor y más moderno de Hiroshima, los pacientes advertían su presencia pintando sus nombres con los dedos empapados en su propia sangre, en las paredes del vestíbulo.
--Tampoco dio ningún resultado la búsqueda de supervivientes en la fábrica de agujas Nido, adonde el tejado metálico se derrumbó y cuarenta y ocho obreros murieron.
--Vomitando, sufriendo diarreas debilitadoras y manchada por la lluvia negra, al fin encontró los huesos de sus abuelos.
--Algunos pacientes informaron que habían tenido hasta cincuenta deposiciones sanguinolentas en una noche. No había palanganas, y los pacientes orinaban y defecaban donde estaban tendidos. Apenas había personal para ayudar a los moribundos.
--No tenían rostro. Los ojos, narices y bocas se habían quemado y parecía como si se les hubieran fundido las orejas. Era difícil distinguir el frente de la espalda.
--“He visto depósitos de agua contra incendios llenos de muertos hasta el borde, parecía como si los hubiesen hervido vivos. Vi a un hombre que bebía el agua ensangrentada”.
--Tenían los rostros completamente quemados, las cuencas de los ojos vacías y el fluido de los ojos fundidos les corría por las mejillas.
--La diarrea sanguinolenta iba en aumento entre aquéllos que habían sufrido antes de diarrea ordinaria.
--Nadie más corría. La calle estaba llena de cuerpos chamuscados, hinchados, que andaban arrastrando los pies, lentamente, en silencio, a veces vomitando, alejándose de las llamas, de la ciudad, brazos y manos extendidos, jirones de piel aleteando bajo el viento creciente. Taeko –un niño de 15 años—pasó junto a unos amigos de la escuela y ninguno dio señales de reconocer a los demás. Sin aliento, se detuvo y vio a un niño de unos diez años inclinado sobre una niña mucho más pequeña. “¡Mako! ¡Mako! ¡Por favor, no te mueras!” –gritaba el niño--. La niñita permanecía en silencio. “¡¿Estás muerta, Mako?!” El chiquillo acunaba en sus brazos el cuerpo de su hermanita.
--Cuando había ascendido a la mitad de la colina, Taeko, ahora con el rostro tan hinchado que sólo podía ver a través de una diminuta abertura de su párpado derecho, encontró una larga cola de heridos sentados ante un puesto de socorro de emergencia, bajo un puente colgante. Gritaban:
--“¡Mizu! ¡mizu! ¡mizu! ¡mizu! --¡Agua! ¡agua! ¡agua! ¡agua!--. Varios pedían gimiendo que les hicieran el favor de matarles.
6-. La fiesta
Al concluir la Conferencia de Postdam, Truman emprendió el regreso su país a bordo del acorazado Augusta.
George Harrison, ayudante de Henry L. Stimson, Secretario de Guerra, le envió un mensaje a través del teléfono criptográfico en el que le anunciaba el éxito absoluto de la explosión atómica.
Veamos como describe Peter Wyden, en Día Uno, aquel momento:
--El presidente Truman había empezado a almorzar con seis miembros de las Fuerzas Armadas en el comedor de popa del Augusta. No terminó la comida. El capitán del ejército encargado de la “sala de mapas” itinerante de la Casa Blanca entró, precipitadamente, y le mostró un mapa de Japón y un mensaje de veintiséis palabras que empezaba así: “Gran bomba arrojada sobre Hiroshima”. El Presidente respiró hondo, cogió la mano del capitán y exclamó: “¡Este es el día más grande de la historia!”.
--Mientras los hombres lanzaban vivas, el Presidente cruzó la puerta con los mensajes en la mano y, sonriendo orgulloso, entró en el comedor de oficiales. Agitó la mano para que los hombres siguieran en sus puestos sin levantarse y repitió el sensacional anuncio. “Fue un éxito arrollador” –dijo, exultante--. “¡Ganamos la apuesta!”.
--Mientras extendía la noticia por el barco, decía que ninguno de los comunicados que había recibido hasta entonces le había hecho tan feliz.
Aquel día hubo una gran celebración a bordo del Augusta
http://www.youtube.com/watch?v=6Mn3UIE19Ek
“La moral que predica la iglesia oficial inculca más miedo al placer que a la injusticia"
Publicado por Aguila en 8/06/2009 09:41:00 a.m.
Marcelo Colussi
Fernando Suazo, español, 63 años, fue cura dominico por largos años. Nacido en Guernica (País Vasco, España), hijo de un militar del régimen de Franco, abrazó el sacerdocio, y durante catorce años integró una comunidad de sacerdotes obreros, en Valladolid, trabajando en el sector de la construcción. Luego marchó a Centroamérica, a Guatemala, formando equipo pastoral con otros dominicos en la región de Verapaz, en Rabinal, un municipio que acababa de ser duramente golpeado por la guerra interna que conmovía al país en ese entonces. Luego de años de trabajar en la parroquia renunció al sacerdocio y dos años después hizo pareja con una mujer maya-achí y constituyó familia, afincándose en el lugar. Hoy día, manejando un perfecto achí (una de las 21 lenguas mayas habladas en Guatemala, idioma con el que se comunica en el seno familiar y en su vida cotidiana), sigue siendo un luchador por los derechos de los más desposeídos. Su actitud crítica le ha valido no pocos sinsabores, pero eso es justamente lo que lo constituye en un referente ético y político en temas ligados a la lucha de los pueblos oprimidos. Casi sin salir de Rabinal, también es docente universitario en la ciudad capital y publica regularmente en internet.
Argenpress lo entrevistó, por medio de su corresponsal para Centroamérica, Marcelo Colussi, para hablar sobre temas ligados a la actual situación política, a los efectos de la represión sufrida los pasados años y al papel de la iglesia en el mundo actual.
___________
Argenpress: ¿Cómo y por qué llegaste a Latinoamérica?
Fernando Suazo: Llegué de España en el año 1984. En esos años era sacerdote dominico. Vine con la misión de informarme sobre el terreno, junto con otros dos compañeros, de la situación tan conflictiva que se vivía en aquellos años en Centroamérica. Para ese momento, mientras aquí se daban feroces guerras, la información al respecto en Europa era casi nula. Por eso la Comisión de Justicia y Paz de los dominicos nos pidió que viniéramos para acá para informarnos de primera mano cómo estaba realmente la situación. Anteriormente, en España, trabajaba en una comunidad obrera, en uno de aquellos proyectos pioneros de grupos progresistas dentro de la iglesia católica, orientados hacia el compromiso social, entre 1971 y 1984. El movimiento de los llamados curas obreros fue importante en aquellos años en España y en otros países de Europa, y revelaba una corriente de pensamiento e inquietud que estaba muy cerca de lo que, al mismo tiempo, estaba sucediendo en América Latina. Eran los años de Franco; me tocó sufrir persecución. Incluso yo estuve preso en dos oportunidades siendo sacerdote. Apuntábamos a construir una sociedad que optara por la defensa de la clase obrera, crear una cultura obrera alternativa a la cultura burguesa del consumo.
Cuando muere Franco en 1975 y comienza la peculiar transición a la democracia en España, la posibilidad de abrirse a esa nueva cultura que rechazara el consumismo se cierra cada vez más: lo que sucedió fue la plena integración del país en una sociedad capitalista altamente consumista. Había pocas alternativas orientadas hacia una sociedad diferente. De hecho, los compañeros albañiles con quienes trabajábamos sólo tenían interés en realizar horas extraordinarias para aumentar sus ingresos; y lo hacían de forma voraz, sin reparar en el crecido número de compañeros desempleados. Esa era su preocupación fundamental. Tuvimos cierta desilusión de lo que sucedió luego de la muerte de Franco; también los mismos sindicatos, como las Comisiones Obreras, que habíamos fundado, nos decepcionaban a algunos, y tal como decíamos: “contra Franco luchábamos mejor”.
Para ese entonces, principios de los años 80, Centroamérica comenzaba a hervir de una forma impresionante. Teníamos los ojos puestos en lo que aquí sucedía, y una encendida solidaridad con todos estos procesos. Era el despertar de los pueblos de aquí, con movimientos guerrilleros que crecían, y con una actuación innombrable por parte de los Estados Unidos. Actuación similar a la que siglos atrás había tenido España en relación a los pueblos amerindios. Al respecto recuerdo que yo tenía un conflicto con mi padre: él era militar y trabajaba en una fábrica de armas, y cuando yo supe que esas armas iban a parar al Chile de Pinochet, se me creó el gran conflicto. Eso era lo que nos daba de comer a nosotros como familia, pero al mismo tiempo era totalmente reprochable desde el punto de vista ético. Así son las inconsecuencias de la vida, ¿no?
Sensible a todas esas contradicciones, en 1984 nos hacen la propuesta, a otros dos curas obreros y a mí, de visitar la Nicaragua sandinista. La idea era informar de la situación de ese país en forma objetiva en los medios españoles, que no decían nada de las masacres que se venían realizando con la actuación de la Contra y el apoyo del gobierno de Estados Unidos. Más tarde, cuando volví a España y pasé toda esa información a distintos medios, me di cuenta que no querían decir nada al respecto. Apenas publicaron algunas cosas puntuales en algún periódico de Valladolid, donde yo vivía.
Cuando estuve por aquí en el 84, todo lo que vi me impactó mucho, y eso fue lo que me determinó a venir para acá para quedarme. Antes de ir a Nicaragua, pasamos una semana en Guatemala y otra en El Salvador. Mi paso por Guatemala fue definitivo. Entre otros lugares, estuve en Rabinal, en el departamento de Baja Verapaz. Allí conocí dos realidades: por un lado, el infinito daño que recientemente se le había provocado a la población del lugar en el marco de la guerra contrainsurgente que se estaba viviendo. Se palpaba en el aire el trauma de tantas masacres; sobrecogía el silencio de la gente. Algunos compañeros dominicos me contaron historias espeluznantes; eran cosas que yo había leído de las SS nazis en Alemania.
Y junto a ese terrible dolor, me impresionó algo que no esperaba encontrar: la alteridad de una cultura desconocida para mí, la cultura de los campesinos mayas. Yo venía harto de la cultura europea, del consumismo construido sobre un individualismo exacerbado, de la falta de solidaridad que veía por todos lados, y aquí me encontré con una cultura diferente. La cultura de allá era una cultura de la racionalidad exagerada, una racionalidad que se burla del misterio, mientras que aquí el misterio forma parte de lo cotidiano. Aquí lo mágico es una dimensión de la realidad con la que hay que contar. Eso me atrajo profundamente. Metí cabeza y corazón en esto con profunda curiosidad, porque sentía que iba mi vida en ello. De Europa ya no esperaba mucho más. Había estudiado teología y filosofía, y veía que todo se centraba en la figura omnipresente del “yo”, el yo del idealismo clásico, incluso hasta en el marxismo, donde encontramos un yo colectivo. No encontraba por ningún lado la sabiduría de abrirse al otro, a lo otro. Pero eso lo encontré aquí a flor de piel, en el aire, en el ambiente. Fue eso lo que me fascinó tanto que, sin dificultad entendí que aquí estaba mi lugar.
Argenpress: ¿Es más una cultura del “nosotros” lo que encontraste?
Fernando Suazo: No diría tanto una cultura del nosotros sino del tú. La cultura del nosotros era también la cultura de las organizaciones revolucionarias que yo conocía en Europa: por ejemplo, los sindicatos, o los mismos partidos de izquierdas. Un nosotros entendido como un yo en plural, pero no es una cultura donde lo esencial es la escucha del diferente. Creo que esa cultura no presenta la receptividad al misterio que todo otro encierra. Esa actitud fue lo que vi aquí, y lo vi por todas partes. Me refiero al pueblo maya, y a Rabinal en concreto. Aquí encontré algo verdaderamente refrescante; lo podría decir en términos plásticos como que aquí encontré el agua para quien está muerto de sed, la luz para quien anda en las tinieblas. Ese encuentro fue el que me decidió a quedarme. Volví a España y se lo planteé a mis superiores y a mis compañeros de la comunidad obrera de Valladolid, donde vivía. Les comuniqué mi decisión de venir para Guatemala. Otro sacerdote también optó por venir para acá, para Nicaragua específicamente, donde en ese momento estaba desarrollándose la feroz guerra provocada por los contras. Yo fui para Rabinal, como sacerdote. Para ese entonces no creía ya en el celibato, pero de todos modos no se me ocurrió nunca venir como civil, pues por razones de seguridad vi que eso era imposible. Pensé que mi condición de clérigo me permitiría acercarme a la intimidad de las comunidades indígenas, sin levantar demasiadas sospechas en las patrullas de autodefensa civil, que el Ejército mantenía organizadas para controlar cualquier movimiento extraño en las comunidades.
Argenpress: ¿Te cuestionabas el celibato en ese momento?
Fernando Suazo: Sí. Para mí el celibato ya estaba en cuestión desde hacía un tiempo. Pero estas decisiones grandes y difíciles no se toman con rapidez. Eso implica todo un proceso, difícil, por cierto. Pelear ese proceso dentro de la institución no era nada fácil, y en ese entonces pensaba que era más factible pelearlo en espacios pequeños, en lo interno inmediato, con los compañeros directos. Yo había entrado a la congregación a los diez años de edad, por lo que podría decir que, de hecho, fui célibe antes de tener experiencia de mi sexo. En aquel internando se daba por supuesto que íbamos para frailes, y por tanto para célibes. Estuve a partir de los diez años conviviendo en un ambiente exclusivamente varonil, entre 180 muchachos, donde la única mujer que teníamos ante los ojos era la virgen María. Así que cuando veíamos una mujer nos alterábamos mucho.
A pesar de todo, no tengo demasiadas quejas sobre el talante democrático de la congregación donde vivía en mis años de estudios superiores. Discutíamos todo. Puedo decir que, sobre todo en los últimos años de la carrera, los jóvenes nos atrevíamos a cuestionarlo todo, hasta lo más sagrado. En general los profesores, todos dominicos, respetaban nuestra curiosidad intelectual. Yo planteaba a veces críticas contra el celibato. Se discutía, pero a niveles muy de lo cotidiano. No estaba en condiciones aún, por joven que era, para hacer planteamientos institucionales serios que pudieran ser tomados en cuenta.
Pero ya me vine a Latinoamérica con la semilla de críticas más profundas sobre el celibato, sobre la institucionalidad de la Iglesia, sobre las interpretaciones oficiales en torno a la personalidad de Jesús de Nazaret. Aquí mis críticas se hicieron más profundas y complejas. Fue aquí donde pude empezar a reflexionar sobre el papel de la iglesia tanto en España como en Latinoamérica, y no sólo en lo tocante al celibato sino en relación a su papel como religión. Y eso, al mismo tiempo, me hizo posicionar de forma mucho más crítica contra toda religión como fenómeno humano.
Creo que hay que distinguir entre espiritualidad y religión. La espiritualidad es la dimensión del ser humano por la cual se siente sensible por lo otro, por el otro, se siente fascinado por el misterio. Hay un núcleo básico del ser humano donde lo misterioso nos atrae, y eso es lo que nos sirve para explicar en qué consiste la espiritualidad. Incluso la ciencia se mueve por eso, por esa atracción desde lo desconocido, por querer saber cómo son las cosas, qué hay más allá de la apariencia. Pero luego viene la religión y encapsula eso convirtiéndolo en una estructura de dominación, hacia adentro de las conciencias, y de acomodamiento con las clases dominantes, hacia afuera. Yo hoy hago estas críticas contra lo que representa la iglesia católica. Ninguna religión tiene el monopolio en estos aspectos espirituales, y creo que hay que ser crítico con el papel que juega toda institución religiosa, también de la iglesia católica. La institución ante todo busca reproducirse a sí misma, y lo hace al precio que sea, incluso crucificando a sus disidentes. Ella secuestra la espiritualidad de la gente y la aprisiona con sus dogmas, sus cánones y sus normas de conducta. Todo porque su objetivo es reproducirse a sí misma, para lo cual necesita acumular poder.
El personaje Jesús es un magnífico ejemplo de un disidente cuya espiritualidad fue reprimida por los jerarcas de su tiempo. Lo más frecuente es que las instituciones religiosas, también la católica, sean incompatibles con aquel compromiso a favor de las víctimas que Jesús estaba predicando, además en condiciones de riesgo e inseguridad. ¿Cómo entender en los palacios del Vaticano y de tantas curias episcopales aquello de que “el hijo del hombre no tiene donde reclinar su cabeza”? Jesús hoy día estaría al lado de personajes como Mahatma Ghandi, o el Che Guevara, y hablaría de tú a tú y no desde posiciones de privilegio.
Argenpress: Y no se sentaría con personajes como Bush…
Fernando Suazo: No, al contrario: se sentaría en la puerta a protestar contra ellos. Y Bush sería quien le enviaría a matar. Y lo ejecutaría la jerarquía de la iglesia católica o de cualquier otra iglesia. Generalmente las iglesias son máquinas de poder, y aunque se arroguen el monopolio del mensaje de Jesús, eso no quiere decir que estén abiertas a una auténtica espiritualidad. Hablo de las iglesias en cuanto instituciones, porque admito que siempre hay salvedades de personas y de grupos disidentes en su interior.
Argenpress: En su momento los primeros cristianos fueron un elemento de rebeldía en el marco del Imperio Romano, por eso los perseguían. Hoy día, ¿alguna religión juega ese papel de ariete revolucionario, de sector crítico contra los poderes constituidos? Pensemos al respecto, por ejemplo, en la Teología de la Liberación.
Fernando Suazo: Con la Teología de la Liberación yo tengo empatía natural. Yo leía autores como Gustavo Gutiérrez, Leonardo Boff, Jon Sobrino, y cuando los leía me decía: muchas de estas cosas ya las tengo adentro. Por supuesto que dicen muchas cosas muy importantes, y leerlos es muy valioso, porque también ellos han vivido y viven cerca del pueblo y además son eruditos, han realizado investigaciones que fundamentan muchas intuiciones que uno tiene andando con la gente. Pero sí puedo decir que muchas cosas que leía en ellos, ya me habían salido en conversaciones, reuniones o celebraciones con la gente.
De todos modos tengo una incógnita: ¿cómo se plantean los teólogos de la Teología de la Liberación la pertenencia a una institución religiosa cuyo objetivo principal es reproducirse a sí misma? Es la misma dialéctica entre espiritualidad y religión que antes decía, la misma que llevó a Jesús a la muerte. Entre las personas que asumen la teología de la liberación hay algunas a las que admiro, como el obispo Pedro Casaldáliga, por su posicionamiento crítico al lado de la gente humilde, frente a las estructuras de poder de la iglesia católica.
Argenpress: La Teología de la Liberación no toca tampoco el tema del celibato…
Fernando Suazo: Los teólogos de la liberación admiten que el celibato sea una opción personal. Cualquiera medianamente inteligente se da cuenta de eso. La iglesia católica, en occidente, impone el celibato como condición para ser sacerdote. Si quieres esto, tienes que querer aquello. Eso vicia de entrada la libertad en la opción por el celibato, desde el momento en que es una opción condicionada. Uno puede desear ser sacerdote y no desear el celibato. Así, de hecho, el celibato resulta ser una imposición. Una imposición que además no tiene base en la Biblia ni en la vida de Jesús; al contrario, se sustenta, de hecho, en cierta mentalidad pesimista y maniquea hacia el placer, hacia el cuerpo, hacia la mujer, algo que, por cierto, tiene raíces gnósticas y una sutil pretensión de dominar las conciencias de la gente, manipulando la culpa. Eso no aparece para nada en la personalidad de Jesús. Jesús no es enemigo del placer, sino de la injusticia; no es enemigo del cuerpo ni de la mujer, como lo eran otros maestros religiosos de su época, de tendencias gnósticas.
El celibato de Jesús fue imprevisto, si se puede hablar así. Es decir, fue resultado de sus opciones cotidianas frente a la injusticia que sufrían los pobres a manos de los jerarcas judíos. Optó por otra sociedad diferente a la que llamó Reino de Dios en contraposición a los reinos políticos de su tiempo; y se embarcó en esa lucha de forma implacable sin preocuparse demasiado de sí mismo. No le dieron tiempo de pararse y formar nido con una mujer, le mataron antes. De todos los maestros que conozco de su tiempo, ninguno se relaciona con la mujer como él lo hizo; ellas, al entrar en contacto con él, se sienten dignificadas: la mujer adúltera, la cananea, que era extranjera, Magdalena… Estoy seguro de que amó a mujeres y fue amado de ellas. Pero no le dieron tiempo de detener su vida de urgencias y sentarse a formar un nido: le mataron antes.
Argenpress: Esa es una visión novedosa en relación al celibato, sin dudas….
Fernando Suazo: Tardé años en darme cuenta de que la moral que predica la iglesia oficial inculca más miedo al placer que a la injusticia; a la mujer más que a los tiranos, por muy criminales, ladrones o genocidas que sean. De hecho, para la jerarquía eclesiástica es más fácil dar la comunión o recibir con honores sagrados a Franco o a Pinochet que conceder responsabilidades eclesiales a las mujeres, y mucho menos, recibirlas al sacerdocio. Así suele suceder con las religiones, tal como te decía antes. Las religiones son aparatos destinados a reproducirse a sí mismos, para lo cual necesitan poder. Puede ser el poder económico, o el poder diplomático… Pero el recurso que las religiones se reservan en exclusiva dentro de los conjuntos sociales es el poder de las conciencias. Y ese poder lo ejercen al albedrío de sus propios intereses. Así, actúan inquisitorialmente en los temas que tienen que ver con el placer, y se muestran miopes en los temas que tienen que ver con la injusticia. Es porque el control del placer implica el control de las conciencias individuales, pero el tema de las injusticias toca directamente las estructuras de dominación, y ahí las religiones están tan involucradas como los oligarcas, o los gobernantes o los militares…
En este negocio, ellas también tienen acciones. Ahora dime tú qué tiene de parecido esto con los profetas de la Biblia o con Jesús…
Argenpress: De alguna manera, estos grandes líderes –llámese Jesús o como se quiera: Lenin, Mao, Ho Chi Ming, Fidel– dedican toda su vida a algo un poco fuera de lo común, a una causa que podríamos llamar “superior”, y pareciera que no les queda energía para ponerla en una relación cotidiana, más pedestre.
Fernando Suazo: Es cierto: existen esas personas, pero también creo que no hay plantear esto en términos de gradación moral, como que unos son más perfectos que otros. En la cultura occidental nos enseñaban que unos son más y otros somos menos; que unos son héroes, o santos, o genios y otros somos corrientes. La cultura occidental, en su versión religiosa católica, nos hablaba de que los santos habían alcanzado la “perfección cristiana”. Y Don Quijote salía a cabalgar los caminos para deshacer entuertos y alcanzar la fama… Cada cultura construye sus sistemas de valores, mitifica a los personajes que son producto de ella misma.
Pero, en la cercanía del pueblo maya, yo he aprendido a ver este asunto de forma diferente. Aquí no se enaltece tanto a los individuos como a la comunidad. No destacan tanto los que se han hecho grandes a sí mismos sobresaliendo de los demás, sino los que tienen la capacidad de interactuar de tal manera que, en el conjunto de relaciones mutuas, es la comunidad la que crece.
Argenpress: Ése es el mensaje más importante en juego, y que parece la iglesia católica ha perdido: que todos somos iguales. Sin ese abandono de ideales de igualdad no sería posible la estructura jerárquica que vemos, un Vaticano rebosante de lujo siempre al lado de los poderes fácticos y un papa que se viste con ropas de oro.
Fernando Suazo: ¡Por supuesto! Eso es impresentable. De esa manera, con ese acomodamiento de la institución religiosa, se ocultó la verdadera esencia del cristianismo como propuesta revolucionaria en profundidad. Hay que dejar en claro una cosa: en realidad en sus orígenes el cristianismo no fue una religión sino un movimiento espiritual. Jesús no fundó una religión; se la fundaron después. Lo de Jesús fue un movimiento ético-político-social de las clases bajas del imperio con una nueva forma de entender la realidad humana. En el movimiento de Jesús no había diferencias ni rangos; los responsables no eran jerarcas sino eso, responsables, coordinadores, cuidadores del grupo. Todo eso resultaba revolucionario en una sociedad de castas, como era la romana, y en cualquier otra sociedad. Toda esa fuerza social comienza a convertirse en una religión cuando deja de ser perseguida, en el momento en que Constantino declara al cristianismo como religión oficial del imperio, en el siglo IV. Previamente a eso, todo ese movimiento tenía como eje principal, como su razón de ser, la fraternidad. Al institucionalizarse, se congela toda esa energía revolucionaria y se transforma en religión con toda la estructura de poder que se viene arrastrando hasta el día de hoy. Como toda institución, es una estructura de poder, posicionada al lado del emperador, y basada en la dominación.
Argenpress: La Teología de la Liberación, en tanto intento de retomar esos ideales primeros del movimiento cristiano como práctica anti-poder, ¿es hoy un camino válido después de la derechización que hubo en la iglesia en estas últimas décadas?
Fernando Suazo: Sigue válido, sí. Lo importante es lograr que la Teología de la Liberación pueda seguir siendo un movimiento libre frente a la religión institucionalizada. Creo que hoy es un movimiento muy vinculado a la jerarquía institucional, y de esa manera tiene las manos amarradas. Pienso que lo mismo se da en cualquier movimiento revolucionario: si la revolución termina siendo sólo una institución, se encapsula y esclerotiza. El movimiento espiritual que fue en algún momento el cristianismo debería estar ahora dentro y fuera de cualquier religión. Es más: debería estar al margen de las religiones. Y en ese sentido creo que la Teología de la Liberación está demasiado cerca, demasiado amarrada a la iglesia en tanto que institución. No se atreve a romper con la jerarquía, lo cual es tal vez comprensible, porque eso la llevaría a la deslegitimación, a quedar perdida en un universo social complejo y abigarrado; en cambio, metida dentro de la institución, aunque sea en un rincón, tiene algún cobijo. Veo a compañeros y compañeras de la Teología de la Liberación demasiado preocupados por lo que dijo el papa, o lo que dijo tal obispo… y lo que realmente debe importar es la gente, los procesos de la gente. Ahí debe estar la verdadera fuerza revolucionaria, y no importa si los que están con la gente acompañando cambios sociales son religiosos o no, si son agnósticos o no. Creo que la Teología de la Liberación hoy por hoy está demasiado metida dentro de los muros de la iglesia sin salir a la intemperie.
Argenpress: ¿Y a qué se debe ese retroceso en los planteamientos de avanzada dentro de la iglesia, que 30 años atrás estaban en alza y ahora parecen tan apocados? ¿Tiene que ver con eso, entre otras cosas, la estrategia de cultos evangélicos por doquier que impulsó el documento Santa Fe II de los halcones estadounidenses?
Fernando Suazo: Es una suma de cosas. Hoy se vive un momento histórico distinto a hace 30 años. En aquel entonces Estados Unidos vio con miedo que la religión predominante de América Latina, la católica, empezaba a cambiar de dirección social, volteándose hacia los pobres. Eso, sin dudas, le preocupó mucho, la iglesia católica dejaba de ser aliada de los intereses del imperio. Entonces no había la diversidad de opciones religiosas que existe hoy; la iglesia católica, y más aún en las poblaciones del interior de todos los países latinoamericanos, era el centro de todo. En cambio hoy día no: la variedad de ofertas, entre otras religiones y otros actores sociales, es grande. Todo se ha vuelto mucho más complejo, más pluricéntrico. Creo que la Teología de la Liberación debería saber posicionarse en este nuevo maremágnum en que la religión católica ya no es lo más importante de las comunidades. Hoy la religión católica es una más, y tiende a ser cada vez menos relevante. Los últimos papas han contribuido mucho a ello, sin duda. Si la Teología de la Liberación puede hacer algo hoy –y creo que en sus planteamientos sigue siendo válida– debería reubicarse “en el mundo”, no seguir apegada a la jerarquía de la institución, sino ubicarse fuera, en un mundo que ahora es mucho más plural. Creo que debería buscar más alianzas, retomando así las enseñanzas más originales de Jesús, quien se aliaba con quien fuera en función de su proyecto, al que llamaba el Reino de Dios. Jesús rompió moldes, a pesar de que eran tan estrechos los marcos del judaísmo; él se alió con quien fuera, por encima de todas las divisiones y los estereotipos. Eso se ve en la diversidad de tipos humanos y sociales que entraron a formar parte del grupo de sus discípulos; o en su relación con las mujeres “pecadoras” o con los excluidos e “ignorantes” samaritanos; o con los “paganos” extranjeros…
Argenpress: Esto, en cierta forma, nos habla de una crisis de conducción, de vanguardia. Dicho de otra forma: ¿qué hay que hacer hoy día para seguir sumando fuerzas en pro de un cambio? ¿Cuáles son las alternativas en un mundo donde las opciones revolucionarias parecieran adormecidas, “pasadas de moda”, inconsistentes?
Fernando Suazo: Es un tema muy difícil, por supuesto. Pero creo que hay pistas. Una pista inevitable es la atención al otro, la preocupación genuina por el otro, el que no pertenece a mi grupo étnico, a mi clase social pero que no goza de mis privilegios. Ese otro constituye una evaluación viva de mi conducta, de mi proyecto vital. Lo que me impactó cuando llegué a Rabinal hace más de 25 años sigue siendo lo mismo: la preocupación por el otro, constituye para mí el mayor criterio de autenticidad. Es decir: ¿qué tanto nos atrae realmente el otro? ¿Qué tanto nos movemos de verdad en dirección al otro? ¿Qué tanto incide el otro, los otros, en mi vida y en mis proyectos?
Han aparecido en estos años filósofos europeos que, a partir de la vergüenza de la Gran Guerra, expresan su decepción por los discursos abstractos y se vuelven a la evidencia del grito que nos alcanza desde los otros. Desde Rabinal me he vuelto a encontrar con Adorno, con Walter Benjamin, me he encontrado con E. Lévinas, con Reyes Mate. En nuestro “sistema mundo” hay un otro masivo que son las víctimas: las víctimas económicas, las víctimas de la violencia. Las víctimas constituyen los puntos dolientes de nuestro cuerpo social; son las alarmas del sistema que no podemos ignorar si queremos sobrevivir. La cercanía con las víctimas, con su grito concreto, corporal, debe ser el punto de partida de cualquier proyecto político y social. Ellas, constituidas en sujetos, con su voz, con su participación decidida, deben ser protagonistas en los procesos de transformación revolucionaria.
Creo que se trata de acercarse al otro –social, étnico, de clase– en tanto que doliente, pero no para victimizarlo, sino para entender lo que siente, lo que dice, lo que sueña. Entender como sujetos a estos otros-víctimas del sistema, y colocarnos a su lado para inventar lo radicalmente nuevo.
Argenpress: Se trata de un trabajo de hormiga del tú a tú, en la base, con las comunidades más sufridas, en las áreas rurales siempre olvidadas, en las zonas urbanas precarias. Pero queda esta pregunta: ¿no es eso justamente lo que están haciendo estos cultos evangélicos que inundan toda Latinoamérica?, claro que desde otro proyecto, con un proyecto de control social y dominación.
Fernando Suazo: Pero ellos no se abren al tú. Sólo llegan para domesticar. Y lo hacen utilizando recursos de muy baja calidad, como el miedo y la culpa. Manipulan, del mismo modo que lo hizo la iglesia católica por siglos y siglos. En realidad no están inventando nada nuevo, sólo utilizan tecnologías nuevas para el control de las masas.
Pero volviendo a lo de las alternativas, por supuesto que tiene que ir por ahí, por el trabajo del tú a tú, de abajo, trabajo de hormiga. Y a eso habría que agregar algo más: en la medida en que me dejo moldear, modificar, impactar por el otro, en esa misma medida yo voy a ser diferente. Es decir: con esa nueva actitud hacia el otro también se va a dar un cambio cualitativo de nuestra propia subjetividad. Eso, creo, es enteramente revolucionario. Eso nos va reposicionando ante las cosas, ante la vida, ante la muerte, ante el miedo, ante el tener o no tener, ante las privaciones, ante las seguridades. Porque todas estas cosas son las cadenas que nos amarran a todos por igual. Ponerse ante las víctimas y construir desde ahí una nueva subjetividad nos podrá hacer libres hasta niveles que no sospechamos. Hay que ser absolutamente creativos, libres. De eso se trata. Los revolucionarios acusamos al neoliberalismo de no responder a ninguna ética, pero nosotros mismos abandonamos también la dimensión ética, aunque hablemos de principios revolucionarios. Eso nos pasa con frecuencia: nos planteamos éticamente lo político, la lucha de clases, pero no nuestra propia coherencia personal o de grupo. Y una verdadera revolución tiene que ver, quizá antes que nada, con modos de vida distintos, coherentes, armónicos, éticos.
Fernando Suazo, español, 63 años, fue cura dominico por largos años. Nacido en Guernica (País Vasco, España), hijo de un militar del régimen de Franco, abrazó el sacerdocio, y durante catorce años integró una comunidad de sacerdotes obreros, en Valladolid, trabajando en el sector de la construcción. Luego marchó a Centroamérica, a Guatemala, formando equipo pastoral con otros dominicos en la región de Verapaz, en Rabinal, un municipio que acababa de ser duramente golpeado por la guerra interna que conmovía al país en ese entonces. Luego de años de trabajar en la parroquia renunció al sacerdocio y dos años después hizo pareja con una mujer maya-achí y constituyó familia, afincándose en el lugar. Hoy día, manejando un perfecto achí (una de las 21 lenguas mayas habladas en Guatemala, idioma con el que se comunica en el seno familiar y en su vida cotidiana), sigue siendo un luchador por los derechos de los más desposeídos. Su actitud crítica le ha valido no pocos sinsabores, pero eso es justamente lo que lo constituye en un referente ético y político en temas ligados a la lucha de los pueblos oprimidos. Casi sin salir de Rabinal, también es docente universitario en la ciudad capital y publica regularmente en internet.
Argenpress lo entrevistó, por medio de su corresponsal para Centroamérica, Marcelo Colussi, para hablar sobre temas ligados a la actual situación política, a los efectos de la represión sufrida los pasados años y al papel de la iglesia en el mundo actual.
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Argenpress: ¿Cómo y por qué llegaste a Latinoamérica?
Fernando Suazo: Llegué de España en el año 1984. En esos años era sacerdote dominico. Vine con la misión de informarme sobre el terreno, junto con otros dos compañeros, de la situación tan conflictiva que se vivía en aquellos años en Centroamérica. Para ese momento, mientras aquí se daban feroces guerras, la información al respecto en Europa era casi nula. Por eso la Comisión de Justicia y Paz de los dominicos nos pidió que viniéramos para acá para informarnos de primera mano cómo estaba realmente la situación. Anteriormente, en España, trabajaba en una comunidad obrera, en uno de aquellos proyectos pioneros de grupos progresistas dentro de la iglesia católica, orientados hacia el compromiso social, entre 1971 y 1984. El movimiento de los llamados curas obreros fue importante en aquellos años en España y en otros países de Europa, y revelaba una corriente de pensamiento e inquietud que estaba muy cerca de lo que, al mismo tiempo, estaba sucediendo en América Latina. Eran los años de Franco; me tocó sufrir persecución. Incluso yo estuve preso en dos oportunidades siendo sacerdote. Apuntábamos a construir una sociedad que optara por la defensa de la clase obrera, crear una cultura obrera alternativa a la cultura burguesa del consumo.
Cuando muere Franco en 1975 y comienza la peculiar transición a la democracia en España, la posibilidad de abrirse a esa nueva cultura que rechazara el consumismo se cierra cada vez más: lo que sucedió fue la plena integración del país en una sociedad capitalista altamente consumista. Había pocas alternativas orientadas hacia una sociedad diferente. De hecho, los compañeros albañiles con quienes trabajábamos sólo tenían interés en realizar horas extraordinarias para aumentar sus ingresos; y lo hacían de forma voraz, sin reparar en el crecido número de compañeros desempleados. Esa era su preocupación fundamental. Tuvimos cierta desilusión de lo que sucedió luego de la muerte de Franco; también los mismos sindicatos, como las Comisiones Obreras, que habíamos fundado, nos decepcionaban a algunos, y tal como decíamos: “contra Franco luchábamos mejor”.
Para ese entonces, principios de los años 80, Centroamérica comenzaba a hervir de una forma impresionante. Teníamos los ojos puestos en lo que aquí sucedía, y una encendida solidaridad con todos estos procesos. Era el despertar de los pueblos de aquí, con movimientos guerrilleros que crecían, y con una actuación innombrable por parte de los Estados Unidos. Actuación similar a la que siglos atrás había tenido España en relación a los pueblos amerindios. Al respecto recuerdo que yo tenía un conflicto con mi padre: él era militar y trabajaba en una fábrica de armas, y cuando yo supe que esas armas iban a parar al Chile de Pinochet, se me creó el gran conflicto. Eso era lo que nos daba de comer a nosotros como familia, pero al mismo tiempo era totalmente reprochable desde el punto de vista ético. Así son las inconsecuencias de la vida, ¿no?
Sensible a todas esas contradicciones, en 1984 nos hacen la propuesta, a otros dos curas obreros y a mí, de visitar la Nicaragua sandinista. La idea era informar de la situación de ese país en forma objetiva en los medios españoles, que no decían nada de las masacres que se venían realizando con la actuación de la Contra y el apoyo del gobierno de Estados Unidos. Más tarde, cuando volví a España y pasé toda esa información a distintos medios, me di cuenta que no querían decir nada al respecto. Apenas publicaron algunas cosas puntuales en algún periódico de Valladolid, donde yo vivía.
Cuando estuve por aquí en el 84, todo lo que vi me impactó mucho, y eso fue lo que me determinó a venir para acá para quedarme. Antes de ir a Nicaragua, pasamos una semana en Guatemala y otra en El Salvador. Mi paso por Guatemala fue definitivo. Entre otros lugares, estuve en Rabinal, en el departamento de Baja Verapaz. Allí conocí dos realidades: por un lado, el infinito daño que recientemente se le había provocado a la población del lugar en el marco de la guerra contrainsurgente que se estaba viviendo. Se palpaba en el aire el trauma de tantas masacres; sobrecogía el silencio de la gente. Algunos compañeros dominicos me contaron historias espeluznantes; eran cosas que yo había leído de las SS nazis en Alemania.
Y junto a ese terrible dolor, me impresionó algo que no esperaba encontrar: la alteridad de una cultura desconocida para mí, la cultura de los campesinos mayas. Yo venía harto de la cultura europea, del consumismo construido sobre un individualismo exacerbado, de la falta de solidaridad que veía por todos lados, y aquí me encontré con una cultura diferente. La cultura de allá era una cultura de la racionalidad exagerada, una racionalidad que se burla del misterio, mientras que aquí el misterio forma parte de lo cotidiano. Aquí lo mágico es una dimensión de la realidad con la que hay que contar. Eso me atrajo profundamente. Metí cabeza y corazón en esto con profunda curiosidad, porque sentía que iba mi vida en ello. De Europa ya no esperaba mucho más. Había estudiado teología y filosofía, y veía que todo se centraba en la figura omnipresente del “yo”, el yo del idealismo clásico, incluso hasta en el marxismo, donde encontramos un yo colectivo. No encontraba por ningún lado la sabiduría de abrirse al otro, a lo otro. Pero eso lo encontré aquí a flor de piel, en el aire, en el ambiente. Fue eso lo que me fascinó tanto que, sin dificultad entendí que aquí estaba mi lugar.
Argenpress: ¿Es más una cultura del “nosotros” lo que encontraste?
Fernando Suazo: No diría tanto una cultura del nosotros sino del tú. La cultura del nosotros era también la cultura de las organizaciones revolucionarias que yo conocía en Europa: por ejemplo, los sindicatos, o los mismos partidos de izquierdas. Un nosotros entendido como un yo en plural, pero no es una cultura donde lo esencial es la escucha del diferente. Creo que esa cultura no presenta la receptividad al misterio que todo otro encierra. Esa actitud fue lo que vi aquí, y lo vi por todas partes. Me refiero al pueblo maya, y a Rabinal en concreto. Aquí encontré algo verdaderamente refrescante; lo podría decir en términos plásticos como que aquí encontré el agua para quien está muerto de sed, la luz para quien anda en las tinieblas. Ese encuentro fue el que me decidió a quedarme. Volví a España y se lo planteé a mis superiores y a mis compañeros de la comunidad obrera de Valladolid, donde vivía. Les comuniqué mi decisión de venir para Guatemala. Otro sacerdote también optó por venir para acá, para Nicaragua específicamente, donde en ese momento estaba desarrollándose la feroz guerra provocada por los contras. Yo fui para Rabinal, como sacerdote. Para ese entonces no creía ya en el celibato, pero de todos modos no se me ocurrió nunca venir como civil, pues por razones de seguridad vi que eso era imposible. Pensé que mi condición de clérigo me permitiría acercarme a la intimidad de las comunidades indígenas, sin levantar demasiadas sospechas en las patrullas de autodefensa civil, que el Ejército mantenía organizadas para controlar cualquier movimiento extraño en las comunidades.
Argenpress: ¿Te cuestionabas el celibato en ese momento?
Fernando Suazo: Sí. Para mí el celibato ya estaba en cuestión desde hacía un tiempo. Pero estas decisiones grandes y difíciles no se toman con rapidez. Eso implica todo un proceso, difícil, por cierto. Pelear ese proceso dentro de la institución no era nada fácil, y en ese entonces pensaba que era más factible pelearlo en espacios pequeños, en lo interno inmediato, con los compañeros directos. Yo había entrado a la congregación a los diez años de edad, por lo que podría decir que, de hecho, fui célibe antes de tener experiencia de mi sexo. En aquel internando se daba por supuesto que íbamos para frailes, y por tanto para célibes. Estuve a partir de los diez años conviviendo en un ambiente exclusivamente varonil, entre 180 muchachos, donde la única mujer que teníamos ante los ojos era la virgen María. Así que cuando veíamos una mujer nos alterábamos mucho.
A pesar de todo, no tengo demasiadas quejas sobre el talante democrático de la congregación donde vivía en mis años de estudios superiores. Discutíamos todo. Puedo decir que, sobre todo en los últimos años de la carrera, los jóvenes nos atrevíamos a cuestionarlo todo, hasta lo más sagrado. En general los profesores, todos dominicos, respetaban nuestra curiosidad intelectual. Yo planteaba a veces críticas contra el celibato. Se discutía, pero a niveles muy de lo cotidiano. No estaba en condiciones aún, por joven que era, para hacer planteamientos institucionales serios que pudieran ser tomados en cuenta.
Pero ya me vine a Latinoamérica con la semilla de críticas más profundas sobre el celibato, sobre la institucionalidad de la Iglesia, sobre las interpretaciones oficiales en torno a la personalidad de Jesús de Nazaret. Aquí mis críticas se hicieron más profundas y complejas. Fue aquí donde pude empezar a reflexionar sobre el papel de la iglesia tanto en España como en Latinoamérica, y no sólo en lo tocante al celibato sino en relación a su papel como religión. Y eso, al mismo tiempo, me hizo posicionar de forma mucho más crítica contra toda religión como fenómeno humano.
Creo que hay que distinguir entre espiritualidad y religión. La espiritualidad es la dimensión del ser humano por la cual se siente sensible por lo otro, por el otro, se siente fascinado por el misterio. Hay un núcleo básico del ser humano donde lo misterioso nos atrae, y eso es lo que nos sirve para explicar en qué consiste la espiritualidad. Incluso la ciencia se mueve por eso, por esa atracción desde lo desconocido, por querer saber cómo son las cosas, qué hay más allá de la apariencia. Pero luego viene la religión y encapsula eso convirtiéndolo en una estructura de dominación, hacia adentro de las conciencias, y de acomodamiento con las clases dominantes, hacia afuera. Yo hoy hago estas críticas contra lo que representa la iglesia católica. Ninguna religión tiene el monopolio en estos aspectos espirituales, y creo que hay que ser crítico con el papel que juega toda institución religiosa, también de la iglesia católica. La institución ante todo busca reproducirse a sí misma, y lo hace al precio que sea, incluso crucificando a sus disidentes. Ella secuestra la espiritualidad de la gente y la aprisiona con sus dogmas, sus cánones y sus normas de conducta. Todo porque su objetivo es reproducirse a sí misma, para lo cual necesita acumular poder.
El personaje Jesús es un magnífico ejemplo de un disidente cuya espiritualidad fue reprimida por los jerarcas de su tiempo. Lo más frecuente es que las instituciones religiosas, también la católica, sean incompatibles con aquel compromiso a favor de las víctimas que Jesús estaba predicando, además en condiciones de riesgo e inseguridad. ¿Cómo entender en los palacios del Vaticano y de tantas curias episcopales aquello de que “el hijo del hombre no tiene donde reclinar su cabeza”? Jesús hoy día estaría al lado de personajes como Mahatma Ghandi, o el Che Guevara, y hablaría de tú a tú y no desde posiciones de privilegio.
Argenpress: Y no se sentaría con personajes como Bush…
Fernando Suazo: No, al contrario: se sentaría en la puerta a protestar contra ellos. Y Bush sería quien le enviaría a matar. Y lo ejecutaría la jerarquía de la iglesia católica o de cualquier otra iglesia. Generalmente las iglesias son máquinas de poder, y aunque se arroguen el monopolio del mensaje de Jesús, eso no quiere decir que estén abiertas a una auténtica espiritualidad. Hablo de las iglesias en cuanto instituciones, porque admito que siempre hay salvedades de personas y de grupos disidentes en su interior.
Argenpress: En su momento los primeros cristianos fueron un elemento de rebeldía en el marco del Imperio Romano, por eso los perseguían. Hoy día, ¿alguna religión juega ese papel de ariete revolucionario, de sector crítico contra los poderes constituidos? Pensemos al respecto, por ejemplo, en la Teología de la Liberación.
Fernando Suazo: Con la Teología de la Liberación yo tengo empatía natural. Yo leía autores como Gustavo Gutiérrez, Leonardo Boff, Jon Sobrino, y cuando los leía me decía: muchas de estas cosas ya las tengo adentro. Por supuesto que dicen muchas cosas muy importantes, y leerlos es muy valioso, porque también ellos han vivido y viven cerca del pueblo y además son eruditos, han realizado investigaciones que fundamentan muchas intuiciones que uno tiene andando con la gente. Pero sí puedo decir que muchas cosas que leía en ellos, ya me habían salido en conversaciones, reuniones o celebraciones con la gente.
De todos modos tengo una incógnita: ¿cómo se plantean los teólogos de la Teología de la Liberación la pertenencia a una institución religiosa cuyo objetivo principal es reproducirse a sí misma? Es la misma dialéctica entre espiritualidad y religión que antes decía, la misma que llevó a Jesús a la muerte. Entre las personas que asumen la teología de la liberación hay algunas a las que admiro, como el obispo Pedro Casaldáliga, por su posicionamiento crítico al lado de la gente humilde, frente a las estructuras de poder de la iglesia católica.
Argenpress: La Teología de la Liberación no toca tampoco el tema del celibato…
Fernando Suazo: Los teólogos de la liberación admiten que el celibato sea una opción personal. Cualquiera medianamente inteligente se da cuenta de eso. La iglesia católica, en occidente, impone el celibato como condición para ser sacerdote. Si quieres esto, tienes que querer aquello. Eso vicia de entrada la libertad en la opción por el celibato, desde el momento en que es una opción condicionada. Uno puede desear ser sacerdote y no desear el celibato. Así, de hecho, el celibato resulta ser una imposición. Una imposición que además no tiene base en la Biblia ni en la vida de Jesús; al contrario, se sustenta, de hecho, en cierta mentalidad pesimista y maniquea hacia el placer, hacia el cuerpo, hacia la mujer, algo que, por cierto, tiene raíces gnósticas y una sutil pretensión de dominar las conciencias de la gente, manipulando la culpa. Eso no aparece para nada en la personalidad de Jesús. Jesús no es enemigo del placer, sino de la injusticia; no es enemigo del cuerpo ni de la mujer, como lo eran otros maestros religiosos de su época, de tendencias gnósticas.
El celibato de Jesús fue imprevisto, si se puede hablar así. Es decir, fue resultado de sus opciones cotidianas frente a la injusticia que sufrían los pobres a manos de los jerarcas judíos. Optó por otra sociedad diferente a la que llamó Reino de Dios en contraposición a los reinos políticos de su tiempo; y se embarcó en esa lucha de forma implacable sin preocuparse demasiado de sí mismo. No le dieron tiempo de pararse y formar nido con una mujer, le mataron antes. De todos los maestros que conozco de su tiempo, ninguno se relaciona con la mujer como él lo hizo; ellas, al entrar en contacto con él, se sienten dignificadas: la mujer adúltera, la cananea, que era extranjera, Magdalena… Estoy seguro de que amó a mujeres y fue amado de ellas. Pero no le dieron tiempo de detener su vida de urgencias y sentarse a formar un nido: le mataron antes.
Argenpress: Esa es una visión novedosa en relación al celibato, sin dudas….
Fernando Suazo: Tardé años en darme cuenta de que la moral que predica la iglesia oficial inculca más miedo al placer que a la injusticia; a la mujer más que a los tiranos, por muy criminales, ladrones o genocidas que sean. De hecho, para la jerarquía eclesiástica es más fácil dar la comunión o recibir con honores sagrados a Franco o a Pinochet que conceder responsabilidades eclesiales a las mujeres, y mucho menos, recibirlas al sacerdocio. Así suele suceder con las religiones, tal como te decía antes. Las religiones son aparatos destinados a reproducirse a sí mismos, para lo cual necesitan poder. Puede ser el poder económico, o el poder diplomático… Pero el recurso que las religiones se reservan en exclusiva dentro de los conjuntos sociales es el poder de las conciencias. Y ese poder lo ejercen al albedrío de sus propios intereses. Así, actúan inquisitorialmente en los temas que tienen que ver con el placer, y se muestran miopes en los temas que tienen que ver con la injusticia. Es porque el control del placer implica el control de las conciencias individuales, pero el tema de las injusticias toca directamente las estructuras de dominación, y ahí las religiones están tan involucradas como los oligarcas, o los gobernantes o los militares…
En este negocio, ellas también tienen acciones. Ahora dime tú qué tiene de parecido esto con los profetas de la Biblia o con Jesús…
Argenpress: De alguna manera, estos grandes líderes –llámese Jesús o como se quiera: Lenin, Mao, Ho Chi Ming, Fidel– dedican toda su vida a algo un poco fuera de lo común, a una causa que podríamos llamar “superior”, y pareciera que no les queda energía para ponerla en una relación cotidiana, más pedestre.
Fernando Suazo: Es cierto: existen esas personas, pero también creo que no hay plantear esto en términos de gradación moral, como que unos son más perfectos que otros. En la cultura occidental nos enseñaban que unos son más y otros somos menos; que unos son héroes, o santos, o genios y otros somos corrientes. La cultura occidental, en su versión religiosa católica, nos hablaba de que los santos habían alcanzado la “perfección cristiana”. Y Don Quijote salía a cabalgar los caminos para deshacer entuertos y alcanzar la fama… Cada cultura construye sus sistemas de valores, mitifica a los personajes que son producto de ella misma.
Pero, en la cercanía del pueblo maya, yo he aprendido a ver este asunto de forma diferente. Aquí no se enaltece tanto a los individuos como a la comunidad. No destacan tanto los que se han hecho grandes a sí mismos sobresaliendo de los demás, sino los que tienen la capacidad de interactuar de tal manera que, en el conjunto de relaciones mutuas, es la comunidad la que crece.
Argenpress: Ése es el mensaje más importante en juego, y que parece la iglesia católica ha perdido: que todos somos iguales. Sin ese abandono de ideales de igualdad no sería posible la estructura jerárquica que vemos, un Vaticano rebosante de lujo siempre al lado de los poderes fácticos y un papa que se viste con ropas de oro.
Fernando Suazo: ¡Por supuesto! Eso es impresentable. De esa manera, con ese acomodamiento de la institución religiosa, se ocultó la verdadera esencia del cristianismo como propuesta revolucionaria en profundidad. Hay que dejar en claro una cosa: en realidad en sus orígenes el cristianismo no fue una religión sino un movimiento espiritual. Jesús no fundó una religión; se la fundaron después. Lo de Jesús fue un movimiento ético-político-social de las clases bajas del imperio con una nueva forma de entender la realidad humana. En el movimiento de Jesús no había diferencias ni rangos; los responsables no eran jerarcas sino eso, responsables, coordinadores, cuidadores del grupo. Todo eso resultaba revolucionario en una sociedad de castas, como era la romana, y en cualquier otra sociedad. Toda esa fuerza social comienza a convertirse en una religión cuando deja de ser perseguida, en el momento en que Constantino declara al cristianismo como religión oficial del imperio, en el siglo IV. Previamente a eso, todo ese movimiento tenía como eje principal, como su razón de ser, la fraternidad. Al institucionalizarse, se congela toda esa energía revolucionaria y se transforma en religión con toda la estructura de poder que se viene arrastrando hasta el día de hoy. Como toda institución, es una estructura de poder, posicionada al lado del emperador, y basada en la dominación.
Argenpress: La Teología de la Liberación, en tanto intento de retomar esos ideales primeros del movimiento cristiano como práctica anti-poder, ¿es hoy un camino válido después de la derechización que hubo en la iglesia en estas últimas décadas?
Fernando Suazo: Sigue válido, sí. Lo importante es lograr que la Teología de la Liberación pueda seguir siendo un movimiento libre frente a la religión institucionalizada. Creo que hoy es un movimiento muy vinculado a la jerarquía institucional, y de esa manera tiene las manos amarradas. Pienso que lo mismo se da en cualquier movimiento revolucionario: si la revolución termina siendo sólo una institución, se encapsula y esclerotiza. El movimiento espiritual que fue en algún momento el cristianismo debería estar ahora dentro y fuera de cualquier religión. Es más: debería estar al margen de las religiones. Y en ese sentido creo que la Teología de la Liberación está demasiado cerca, demasiado amarrada a la iglesia en tanto que institución. No se atreve a romper con la jerarquía, lo cual es tal vez comprensible, porque eso la llevaría a la deslegitimación, a quedar perdida en un universo social complejo y abigarrado; en cambio, metida dentro de la institución, aunque sea en un rincón, tiene algún cobijo. Veo a compañeros y compañeras de la Teología de la Liberación demasiado preocupados por lo que dijo el papa, o lo que dijo tal obispo… y lo que realmente debe importar es la gente, los procesos de la gente. Ahí debe estar la verdadera fuerza revolucionaria, y no importa si los que están con la gente acompañando cambios sociales son religiosos o no, si son agnósticos o no. Creo que la Teología de la Liberación hoy por hoy está demasiado metida dentro de los muros de la iglesia sin salir a la intemperie.
Argenpress: ¿Y a qué se debe ese retroceso en los planteamientos de avanzada dentro de la iglesia, que 30 años atrás estaban en alza y ahora parecen tan apocados? ¿Tiene que ver con eso, entre otras cosas, la estrategia de cultos evangélicos por doquier que impulsó el documento Santa Fe II de los halcones estadounidenses?
Fernando Suazo: Es una suma de cosas. Hoy se vive un momento histórico distinto a hace 30 años. En aquel entonces Estados Unidos vio con miedo que la religión predominante de América Latina, la católica, empezaba a cambiar de dirección social, volteándose hacia los pobres. Eso, sin dudas, le preocupó mucho, la iglesia católica dejaba de ser aliada de los intereses del imperio. Entonces no había la diversidad de opciones religiosas que existe hoy; la iglesia católica, y más aún en las poblaciones del interior de todos los países latinoamericanos, era el centro de todo. En cambio hoy día no: la variedad de ofertas, entre otras religiones y otros actores sociales, es grande. Todo se ha vuelto mucho más complejo, más pluricéntrico. Creo que la Teología de la Liberación debería saber posicionarse en este nuevo maremágnum en que la religión católica ya no es lo más importante de las comunidades. Hoy la religión católica es una más, y tiende a ser cada vez menos relevante. Los últimos papas han contribuido mucho a ello, sin duda. Si la Teología de la Liberación puede hacer algo hoy –y creo que en sus planteamientos sigue siendo válida– debería reubicarse “en el mundo”, no seguir apegada a la jerarquía de la institución, sino ubicarse fuera, en un mundo que ahora es mucho más plural. Creo que debería buscar más alianzas, retomando así las enseñanzas más originales de Jesús, quien se aliaba con quien fuera en función de su proyecto, al que llamaba el Reino de Dios. Jesús rompió moldes, a pesar de que eran tan estrechos los marcos del judaísmo; él se alió con quien fuera, por encima de todas las divisiones y los estereotipos. Eso se ve en la diversidad de tipos humanos y sociales que entraron a formar parte del grupo de sus discípulos; o en su relación con las mujeres “pecadoras” o con los excluidos e “ignorantes” samaritanos; o con los “paganos” extranjeros…
Argenpress: Esto, en cierta forma, nos habla de una crisis de conducción, de vanguardia. Dicho de otra forma: ¿qué hay que hacer hoy día para seguir sumando fuerzas en pro de un cambio? ¿Cuáles son las alternativas en un mundo donde las opciones revolucionarias parecieran adormecidas, “pasadas de moda”, inconsistentes?
Fernando Suazo: Es un tema muy difícil, por supuesto. Pero creo que hay pistas. Una pista inevitable es la atención al otro, la preocupación genuina por el otro, el que no pertenece a mi grupo étnico, a mi clase social pero que no goza de mis privilegios. Ese otro constituye una evaluación viva de mi conducta, de mi proyecto vital. Lo que me impactó cuando llegué a Rabinal hace más de 25 años sigue siendo lo mismo: la preocupación por el otro, constituye para mí el mayor criterio de autenticidad. Es decir: ¿qué tanto nos atrae realmente el otro? ¿Qué tanto nos movemos de verdad en dirección al otro? ¿Qué tanto incide el otro, los otros, en mi vida y en mis proyectos?
Han aparecido en estos años filósofos europeos que, a partir de la vergüenza de la Gran Guerra, expresan su decepción por los discursos abstractos y se vuelven a la evidencia del grito que nos alcanza desde los otros. Desde Rabinal me he vuelto a encontrar con Adorno, con Walter Benjamin, me he encontrado con E. Lévinas, con Reyes Mate. En nuestro “sistema mundo” hay un otro masivo que son las víctimas: las víctimas económicas, las víctimas de la violencia. Las víctimas constituyen los puntos dolientes de nuestro cuerpo social; son las alarmas del sistema que no podemos ignorar si queremos sobrevivir. La cercanía con las víctimas, con su grito concreto, corporal, debe ser el punto de partida de cualquier proyecto político y social. Ellas, constituidas en sujetos, con su voz, con su participación decidida, deben ser protagonistas en los procesos de transformación revolucionaria.
Creo que se trata de acercarse al otro –social, étnico, de clase– en tanto que doliente, pero no para victimizarlo, sino para entender lo que siente, lo que dice, lo que sueña. Entender como sujetos a estos otros-víctimas del sistema, y colocarnos a su lado para inventar lo radicalmente nuevo.
Argenpress: Se trata de un trabajo de hormiga del tú a tú, en la base, con las comunidades más sufridas, en las áreas rurales siempre olvidadas, en las zonas urbanas precarias. Pero queda esta pregunta: ¿no es eso justamente lo que están haciendo estos cultos evangélicos que inundan toda Latinoamérica?, claro que desde otro proyecto, con un proyecto de control social y dominación.
Fernando Suazo: Pero ellos no se abren al tú. Sólo llegan para domesticar. Y lo hacen utilizando recursos de muy baja calidad, como el miedo y la culpa. Manipulan, del mismo modo que lo hizo la iglesia católica por siglos y siglos. En realidad no están inventando nada nuevo, sólo utilizan tecnologías nuevas para el control de las masas.
Pero volviendo a lo de las alternativas, por supuesto que tiene que ir por ahí, por el trabajo del tú a tú, de abajo, trabajo de hormiga. Y a eso habría que agregar algo más: en la medida en que me dejo moldear, modificar, impactar por el otro, en esa misma medida yo voy a ser diferente. Es decir: con esa nueva actitud hacia el otro también se va a dar un cambio cualitativo de nuestra propia subjetividad. Eso, creo, es enteramente revolucionario. Eso nos va reposicionando ante las cosas, ante la vida, ante la muerte, ante el miedo, ante el tener o no tener, ante las privaciones, ante las seguridades. Porque todas estas cosas son las cadenas que nos amarran a todos por igual. Ponerse ante las víctimas y construir desde ahí una nueva subjetividad nos podrá hacer libres hasta niveles que no sospechamos. Hay que ser absolutamente creativos, libres. De eso se trata. Los revolucionarios acusamos al neoliberalismo de no responder a ninguna ética, pero nosotros mismos abandonamos también la dimensión ética, aunque hablemos de principios revolucionarios. Eso nos pasa con frecuencia: nos planteamos éticamente lo político, la lucha de clases, pero no nuestra propia coherencia personal o de grupo. Y una verdadera revolución tiene que ver, quizá antes que nada, con modos de vida distintos, coherentes, armónicos, éticos.
Vuelta a la realidad. La recesión no ha terminado, ni por asomo
Publicado por Aguila en 8/06/2009 09:37:00 a.m.
Dave Lindorff
CounterPunch
Traducido del inglés por Germán Leyens
La campaña de “cháchara alegre” en los medios de EE.UU. y proveniente de la Casa Blanca, no es más que eso: Cháchara alegre.
Para obtener una idea real de lo que sucede en esta economía, hay que considerar algunas cosas.
Sí, la tasa de caída en la actividad económica ha bajado. Pero es lo que se podía esperar. Cuando una economía iba a todo vapor, como lo hacía la economía de EE.UU. a principios de 2007, una ralentización de algún significado produce cifras inmensas, en términos de baja de la producción, baja de la utilización de fábricas, baja de las ventas de coches o, esta vez, baja de los precios de las casas.
Pero una vez que se llega al mismo período en 2008, ya se está en una profunda recesión, y realmente ya no queda mucho terreno para caer. Si, por ejemplo, los fabricantes de coche han cerrado básicamente en el otoño de 2008, y sólo están liquidando inmensos inventarios, no habrá muchos cierres de fábricas y más reducciones en la producción. (¿Cómo se baja la producción por debajo de cero?).
Se puede decir lo mismo sobre el desempleo, aunque en ello haya uno o dos aspectos más. Sí, los inmensos despidos que hicieron que la cantidad de nuevos desocupados aumentara entre 600.000 y 700.000 por mes a principios de este año, parecen haber pasado, y ahora el nuevo desempleo aumenta “sólo” en 500.000 por mes o algo así, pero eso es porque todos los principales empleadores ya han cerrado o han eliminado turnos enteros. Ya no queda tanta gente que despedir, por lo menos en grandes grupos. Esto se presenta como “el ritmo de despidos disminuye,” como si fuera una buena noticia, pero es todo lo contrario.
Pero también hay más trucos y desinformación respecto a las estadísticas de desempleo. Uno tiene que ver con la frecuente afirmación de que la cantidad de personas que cobran prestaciones de desempleo está disminuyendo – especialmente los desempleados a largo plazo. Pero la razón para esto no significa que la gente finalmente esté encontrando puestos de trabajo. Es que se terminan las prestaciones de desempleo. El límite superior para cobrar prestaciones de desempleo en EE.UU. es de 79 semanas, y es sólo en algunos Estados donde el desempleo es particularmente elevado. En otros Estados es de sólo 72 semanas o incluso de hasta 59 semanas.
También se pierden las prestaciones de desempleo, que según se dice promedian 300 dólares por semana, pero que pueden ser mucho menos según dónde una persona en particular ha trabajado y en qué Estado él o ella vive, si una persona hace trabajo a tiempo parcial, y ya que nadie puede mantener una familia con 300 dólares por semana, muchas familias con prestaciones de desempleo terminan consiguiendo trabajos a tiempo parcial y pierden sus prestaciones de desempleo. Tampoco es una buena señal.
Finalmente, las prestaciones de desempleo cubren sólo a aproximadamente la mitad de los trabajadores estadounidenses. El resto, porque ya han logrado encontrar sólo empleos a tiempo parcial, o porque han estado trabajando “sin ser contabilizados”, o porque son así llamados “contratistas independientes” – gente como jardineros, escritores independientes, abogados, consultores, fontaneros, etc. – no están cubiertos por el seguro de desempleo. Cuando son despedidos, siguen por cuenta propia. Y cada vez más, los despidos y las pérdidas de puesto de empleo recaen en gente en esta categoría. Los primeros despidos fueron hechos por las administraciones de grandes compañías que miraron hacia el futuro, vieron la depresión, e implementaron medidas de “reducción de costes”, que significaban reducir la producción y despedir trabajadores. Los trabajadores independientes y los pequeños negocios, cuyos propietarios son afectados personalmente cuando tienen que cerrar la producción o sus operaciones, se han esforzado por permanecer en el negocio lo más posible, pero ahora se suman a las nóminas de desocupados a un ritmo acelerado.
Pero, y es un punto crucial, muchos de ellos simplemente no son registrados como desempleados por los estadísticos del gobierno. Cualquiera que trabaje aunque sea sólo unas pocas horas por semana en algún puesto de trabajo, o gratis en un negocio familiar, no es contado. Cualquiera que no ve perspectivas de trabajo y simplemente abandona, no es contado. Cualquiera que encuentre un trabajo a media jornada, pero necesita un trabajo a tiempo completo, es contado como empleado. No solía ser así. En tiempos más honestos, hace más de tres décadas, esa gente era contada como desempleada, pero los políticos presionaron para excluirlos a fin de que las cifras oficiales de desempleo parecieran más bajas. Si toda esa gente fuera agregada a las tasas de desempleo, tendríamos un desempleo de más de 18% en EE.UU. y posiblemente más cercano a un 20%. Eso es uno de cada cinco estadounidenses sin trabajo.
Y hay que recordar, a pesar de que ahora estamos en una economía que funciona a un nivel deprimido, todavía sigue bajando, y esas cifras de desempleo aumentan, no se estabilizan.
Hay que agregar eso al hecho de que los estadounidenses han perdido colectivamente 14 billones de dólares en riqueza. Han perdido ahorros invertidos, que han disminuido casi un 20% de donde estaban hace un año, y no parece probable que se vayan a recuperar en un futuro cercano. (Hay que recordar que, incluso si el mercado bursátil cae un 40% y luego sube un 40%, seguirá siendo bajo. Considere: si ha invertido 1.000 dólares en un índice amplio como el S&P, y bajó un 40% como pasó en el otoño pasado, usted perdió 400 dólares, y le quedan sólo 600 dólares. Si entonces el mercado se hubiera recuperado en un 40%, sin embargo, lo que no ha hecho ni por mucho menos, sólo ganaría un 40% de 600 dólares, o sea 240 dólares, de modo que su inversión sigue siendo sólo 840 dólares.) Esos 14 billones de dólares también incluyen el valor perdido de las casas de la gente, que hasta 2008 era utilizado para mejorar los niveles de vida ya que la gente pedía prestado sobre la base del valor creciente de su propiedad. Ahora, cuando los valores de las casas en gran parte del país han bajado algo como entre un 20% y un 80%, muchas casas valen ahora menos que el monto de dinero que todavía se debe por las hipotecas de la gente. No pueden vender, y a menudo, no pueden pagar la cuenta de la hipoteca.
¿De dónde se supone que provengan los gastos de consumo que solían representar un impresionante 70% de la actividad económica en un EE.UU. que hace tiempo que dejó de fabricar cosas? La respuesta es: de ninguna parte. La cantidad de riqueza perdida convierte en un chiste el celebrado plan de estímulo de Obama, que fue menos de 1 billón de dólares, y que se extiende durante dos años.
Simplemente no existe el dinero para reanimar la orgía de gastos de consumo que mantuvo a flote la economía de EE.UU. durante tanto tiempo.
La gente ni siquiera puede pedir prestado si lo desea. Los bancos no prestan, porque saben que la cháchara alegre no tiene sentido, y no quieren prestar dinero a gente y negocios que probablemente irán a la bancarrota a medida que la recesión continúa. Por eso las compañías de tarjetas como American Express y muchos proveedores de Visa y Mastercard, en lugar de cobrar una multa por factura atrasada cuando los poseedores de tarjetas no pagan un mes dentro del plazo, como lo hacían en el pasado, sino aumentan la tasa de interés que cobran – en el caso de American Express ¡a un 28% o sea más de un 2% por mes! No es la acción de un banco que espera que un cliente valioso le pague – es la acción extorsionadora de un usurero que quiere extraer todo el dinero que sea posible de un prestatario del que espera que vaya a la quiebra. Los bancos también están anulando líneas de crédito personales y empresariales a diestra y siniestra, convirtiendo en un chiste la afirmación del gobierno de Obama de que ha rescatado a los bancos para que puedan “comenzar a prestar de nuevo.”
Incluso la cháchara alegre de que están mejorando las ventas de casas es engañosa. El motivo de que suceda es que tantas casas han sido embargadas que la venta de casas embargadas por los bancos forma ahora parte importante del mercado inmobiliario.
Una y otra vez, gran parte de la “cháchara alegre” que escuchamos, si es analizada de cerca, resulta ser malas noticias que son malinterpretadas, a menudo deliberadamente.
Finalmente, habría que agregar que debido al masivo desempleo, que se acerca a niveles no vistos desde la Gran Depresión, y debido a la masiva pérdida de riqueza personal, no es probable que esta recesión actúe como alguna de las otras recesiones de la era posterior a la Segunda Guerra Mundial. Todas han sido asuntos en forma de “U” o de “V”, en los cuales la economía bajaba y luego, después de estar poco tiempo a bajo nivel, se recuperaba rápidamente, como en una “V”. Esta vez, es más probable que veamos una recesión en forma de “L”, en la cual la economía llega al fondo en algún momento, y luego opera durante años a un nivel mucho más bajo. La parte baja de esa “L” podrá subir lentamente, pero no mucho. En ese caso, seguiríamos viendo continuos niveles elevados de desempleo, salarios bajos, y ninguna recuperación de la riqueza personal.
De modo que si queremos tomar decisiones políticas correctas, para no hablar de las decisiones políticas y las decisiones financieras y vitales básicas correctas, dejemos de lado la cháchara alegre, y comencemos a ver la realidad.
…………
Dave Lindorff es un periodista y columnista basado en Filadelfia. Su último libro es: “The Case for Impeachment” (St. Martin’s Press, 2006, que ahora apareció en edición rústica). Para contactos, escriba a:
dlindorff@mindspring.com
http://www.counterpunch.org/lindorff08042009.html
CounterPunch
Traducido del inglés por Germán Leyens
La campaña de “cháchara alegre” en los medios de EE.UU. y proveniente de la Casa Blanca, no es más que eso: Cháchara alegre.
Para obtener una idea real de lo que sucede en esta economía, hay que considerar algunas cosas.
Sí, la tasa de caída en la actividad económica ha bajado. Pero es lo que se podía esperar. Cuando una economía iba a todo vapor, como lo hacía la economía de EE.UU. a principios de 2007, una ralentización de algún significado produce cifras inmensas, en términos de baja de la producción, baja de la utilización de fábricas, baja de las ventas de coches o, esta vez, baja de los precios de las casas.
Pero una vez que se llega al mismo período en 2008, ya se está en una profunda recesión, y realmente ya no queda mucho terreno para caer. Si, por ejemplo, los fabricantes de coche han cerrado básicamente en el otoño de 2008, y sólo están liquidando inmensos inventarios, no habrá muchos cierres de fábricas y más reducciones en la producción. (¿Cómo se baja la producción por debajo de cero?).
Se puede decir lo mismo sobre el desempleo, aunque en ello haya uno o dos aspectos más. Sí, los inmensos despidos que hicieron que la cantidad de nuevos desocupados aumentara entre 600.000 y 700.000 por mes a principios de este año, parecen haber pasado, y ahora el nuevo desempleo aumenta “sólo” en 500.000 por mes o algo así, pero eso es porque todos los principales empleadores ya han cerrado o han eliminado turnos enteros. Ya no queda tanta gente que despedir, por lo menos en grandes grupos. Esto se presenta como “el ritmo de despidos disminuye,” como si fuera una buena noticia, pero es todo lo contrario.
Pero también hay más trucos y desinformación respecto a las estadísticas de desempleo. Uno tiene que ver con la frecuente afirmación de que la cantidad de personas que cobran prestaciones de desempleo está disminuyendo – especialmente los desempleados a largo plazo. Pero la razón para esto no significa que la gente finalmente esté encontrando puestos de trabajo. Es que se terminan las prestaciones de desempleo. El límite superior para cobrar prestaciones de desempleo en EE.UU. es de 79 semanas, y es sólo en algunos Estados donde el desempleo es particularmente elevado. En otros Estados es de sólo 72 semanas o incluso de hasta 59 semanas.
También se pierden las prestaciones de desempleo, que según se dice promedian 300 dólares por semana, pero que pueden ser mucho menos según dónde una persona en particular ha trabajado y en qué Estado él o ella vive, si una persona hace trabajo a tiempo parcial, y ya que nadie puede mantener una familia con 300 dólares por semana, muchas familias con prestaciones de desempleo terminan consiguiendo trabajos a tiempo parcial y pierden sus prestaciones de desempleo. Tampoco es una buena señal.
Finalmente, las prestaciones de desempleo cubren sólo a aproximadamente la mitad de los trabajadores estadounidenses. El resto, porque ya han logrado encontrar sólo empleos a tiempo parcial, o porque han estado trabajando “sin ser contabilizados”, o porque son así llamados “contratistas independientes” – gente como jardineros, escritores independientes, abogados, consultores, fontaneros, etc. – no están cubiertos por el seguro de desempleo. Cuando son despedidos, siguen por cuenta propia. Y cada vez más, los despidos y las pérdidas de puesto de empleo recaen en gente en esta categoría. Los primeros despidos fueron hechos por las administraciones de grandes compañías que miraron hacia el futuro, vieron la depresión, e implementaron medidas de “reducción de costes”, que significaban reducir la producción y despedir trabajadores. Los trabajadores independientes y los pequeños negocios, cuyos propietarios son afectados personalmente cuando tienen que cerrar la producción o sus operaciones, se han esforzado por permanecer en el negocio lo más posible, pero ahora se suman a las nóminas de desocupados a un ritmo acelerado.
Pero, y es un punto crucial, muchos de ellos simplemente no son registrados como desempleados por los estadísticos del gobierno. Cualquiera que trabaje aunque sea sólo unas pocas horas por semana en algún puesto de trabajo, o gratis en un negocio familiar, no es contado. Cualquiera que no ve perspectivas de trabajo y simplemente abandona, no es contado. Cualquiera que encuentre un trabajo a media jornada, pero necesita un trabajo a tiempo completo, es contado como empleado. No solía ser así. En tiempos más honestos, hace más de tres décadas, esa gente era contada como desempleada, pero los políticos presionaron para excluirlos a fin de que las cifras oficiales de desempleo parecieran más bajas. Si toda esa gente fuera agregada a las tasas de desempleo, tendríamos un desempleo de más de 18% en EE.UU. y posiblemente más cercano a un 20%. Eso es uno de cada cinco estadounidenses sin trabajo.
Y hay que recordar, a pesar de que ahora estamos en una economía que funciona a un nivel deprimido, todavía sigue bajando, y esas cifras de desempleo aumentan, no se estabilizan.
Hay que agregar eso al hecho de que los estadounidenses han perdido colectivamente 14 billones de dólares en riqueza. Han perdido ahorros invertidos, que han disminuido casi un 20% de donde estaban hace un año, y no parece probable que se vayan a recuperar en un futuro cercano. (Hay que recordar que, incluso si el mercado bursátil cae un 40% y luego sube un 40%, seguirá siendo bajo. Considere: si ha invertido 1.000 dólares en un índice amplio como el S&P, y bajó un 40% como pasó en el otoño pasado, usted perdió 400 dólares, y le quedan sólo 600 dólares. Si entonces el mercado se hubiera recuperado en un 40%, sin embargo, lo que no ha hecho ni por mucho menos, sólo ganaría un 40% de 600 dólares, o sea 240 dólares, de modo que su inversión sigue siendo sólo 840 dólares.) Esos 14 billones de dólares también incluyen el valor perdido de las casas de la gente, que hasta 2008 era utilizado para mejorar los niveles de vida ya que la gente pedía prestado sobre la base del valor creciente de su propiedad. Ahora, cuando los valores de las casas en gran parte del país han bajado algo como entre un 20% y un 80%, muchas casas valen ahora menos que el monto de dinero que todavía se debe por las hipotecas de la gente. No pueden vender, y a menudo, no pueden pagar la cuenta de la hipoteca.
¿De dónde se supone que provengan los gastos de consumo que solían representar un impresionante 70% de la actividad económica en un EE.UU. que hace tiempo que dejó de fabricar cosas? La respuesta es: de ninguna parte. La cantidad de riqueza perdida convierte en un chiste el celebrado plan de estímulo de Obama, que fue menos de 1 billón de dólares, y que se extiende durante dos años.
Simplemente no existe el dinero para reanimar la orgía de gastos de consumo que mantuvo a flote la economía de EE.UU. durante tanto tiempo.
La gente ni siquiera puede pedir prestado si lo desea. Los bancos no prestan, porque saben que la cháchara alegre no tiene sentido, y no quieren prestar dinero a gente y negocios que probablemente irán a la bancarrota a medida que la recesión continúa. Por eso las compañías de tarjetas como American Express y muchos proveedores de Visa y Mastercard, en lugar de cobrar una multa por factura atrasada cuando los poseedores de tarjetas no pagan un mes dentro del plazo, como lo hacían en el pasado, sino aumentan la tasa de interés que cobran – en el caso de American Express ¡a un 28% o sea más de un 2% por mes! No es la acción de un banco que espera que un cliente valioso le pague – es la acción extorsionadora de un usurero que quiere extraer todo el dinero que sea posible de un prestatario del que espera que vaya a la quiebra. Los bancos también están anulando líneas de crédito personales y empresariales a diestra y siniestra, convirtiendo en un chiste la afirmación del gobierno de Obama de que ha rescatado a los bancos para que puedan “comenzar a prestar de nuevo.”
Incluso la cháchara alegre de que están mejorando las ventas de casas es engañosa. El motivo de que suceda es que tantas casas han sido embargadas que la venta de casas embargadas por los bancos forma ahora parte importante del mercado inmobiliario.
Una y otra vez, gran parte de la “cháchara alegre” que escuchamos, si es analizada de cerca, resulta ser malas noticias que son malinterpretadas, a menudo deliberadamente.
Finalmente, habría que agregar que debido al masivo desempleo, que se acerca a niveles no vistos desde la Gran Depresión, y debido a la masiva pérdida de riqueza personal, no es probable que esta recesión actúe como alguna de las otras recesiones de la era posterior a la Segunda Guerra Mundial. Todas han sido asuntos en forma de “U” o de “V”, en los cuales la economía bajaba y luego, después de estar poco tiempo a bajo nivel, se recuperaba rápidamente, como en una “V”. Esta vez, es más probable que veamos una recesión en forma de “L”, en la cual la economía llega al fondo en algún momento, y luego opera durante años a un nivel mucho más bajo. La parte baja de esa “L” podrá subir lentamente, pero no mucho. En ese caso, seguiríamos viendo continuos niveles elevados de desempleo, salarios bajos, y ninguna recuperación de la riqueza personal.
De modo que si queremos tomar decisiones políticas correctas, para no hablar de las decisiones políticas y las decisiones financieras y vitales básicas correctas, dejemos de lado la cháchara alegre, y comencemos a ver la realidad.
…………
Dave Lindorff es un periodista y columnista basado en Filadelfia. Su último libro es: “The Case for Impeachment” (St. Martin’s Press, 2006, que ahora apareció en edición rústica). Para contactos, escriba a:
dlindorff@mindspring.com
http://www.counterpunch.org/lindorff08042009.html
Saber, lucha política y esperanza
Publicado por Aguila en 8/06/2009 09:36:00 a.m.
Víctor Flores Olea
Nos quejamos de la ausencia de ideas, de uno y otro lado, en la última elección de medio camino. Y teníamos razón. Entre otros factores, a eso atribuimos la catástrofe electoral, sobre todo de la izquierda. Sin embargo, ahora mismo, desde el lado de la izquierda, aparece publicado (La Jornada, 30 julio 2009) un texto de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) que resulta extraordinariamente importante. No sólo porque expresa con puntualidad “Al Pueblo de México” su visión del país sino porque propone en lo fundamental las líneas de salida a la tremenda crisis que vivimos.
Para AMLO desde hace veinte años cuando menos se habría integrado en México una oligarquía que ha consolidado su poder, también por medio de la corrupción y el saqueo y por arriba de las instituciones fundadas en la Constitución. No se trata únicamente del “grupo político” que ha usufructuado las ventajas del poder, sino el hecho más decisivo aún que ese “grupo político” actúa representando en definitiva a un “puñado” de los más ricos de México, no a los “mejores y más brillantes” sino a los más audaces y voraces, a los capos en México del “capitalismo salvaje” que nos destruye. El país estaría en manos de ese doble puño de quienes detentan la riqueza y el poder político, no en beneficio del pueblo sino en provecho de sus fortunas y ambiciones.
Ese poder alejado del pueblo impondría sus mandatos y conveniencias al conjunto institucional de México: a los Poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, al complejo de las instancias electorales del país, a la Procuraduría General de la República, a la Secretaría de Hacienda y a los Partidos Revolucionario Institucional y Acción Nacional. El país ofrecería un panorama de concentración de poderes y riqueza en pocas manos y de exclusión hasta la miseria de la mayoría, lo que representa la causa fundamental del desastre que vivimos en multitud de dimensiones. Y que explica su real origen: ¿alguien estaría en desacuerdo?
Se confirma entonces la definición de Aristóteles para quien, en negación y traición a la democracia, en un país con riqueza concentrada y desigualmente distribuida el puñado de oligarcas somete a sus intereses a los gobiernos, creándose complicidades absolutamente indeseables. Y destruyéndose cualquier posibilidad de democracia. El gobierno como simple Consejo de Administración de las empresas y monopolios.
Para ese control general los monopolios de la comunicación resultan esenciales, y para la ciudadanía el instrumento más deleznable de su degradación, ya que el espectáculo del mundo que se les transmite es esencialmente un escenario en que solo se vive para ganar y acumular, para mentir y traicionar, por cualquier medio.
Con un rasgo más que apunta certeramente AMLO: el PRI, para los oligarcas, resultaba insostenible en el año 2000 después de 70 años de poder y decidieron entonces el “recambio” por el PAN, cuyas torpezas y pequeñeces (sobre todo por sus Presidentes) lo han llevado a la bancarrota abismal, uno de cuyos síntomas fue su retroceso en la elección del 5 de julio último. Así fue pero ahora, ante la imposibilidad de seguir sosteniendo al PAN, se habría ya decidido otro “recambio” que haría regresar al PRI al poder en el 2012: objetos desechables según la conveniencia oligárquica, papel para la basura.
Ya en el horizonte del próximo “recambio”, en plena crisis económica, surgen nubarrones que presionarán aun más a la baja los ingresos más modestos: no a una reforma fiscal progresiva sino en todo caso regresiva, IVA para alimentos y medicinas, aumento de precios en luz, gasolinas y otros servicios. Como dice AMLO “…los potentados no están dispuestos a permitir ningún cambio que ayude realmente a enfrentar la crisis económica… Se recortarán antes los programas sociales que los privilegios de ricos y de la alta burocracia”.
López Obrador insiste en que uno de los aspectos más graves de la crisis actual es la descomposición moral y social que vive México, que ciertamente son factores que han llevado a la inseguridad y a la tremenda violencia que vivimos. Y la crisis de violencia eventualmente se enfrenta con más violencia “…sin tomar en cuenta que la paz y la tranquilidad son fruto de la justicia”.
Lo malo, dice AMLO, es que “Todo indica que persistirá la degradación del país. En consecuencia, la única alternativa es seguir luchando hasta derrotar a la oligarquía en el terreno político, de manera pacífica, para hacer valer la democracia y establecer un gobierno que combata la codicia y la corrupción, distribuya con justicia las riquezas de México y garantice el bienestar y la felicidad del pueblo”.
Y llama a realizar algunas tareas fundamentales: la organización de la ciudadanía, desde los comités municipales hasta los de barrio, crear redes alternativas de información que ayuden a romper el bloqueo y la manipulación de las grandes empresas de comunicación, la disponibilidad a movilizarse para detener los más grandes abusos que se presenten, como el de la frustrada privatización del petróleo, e insistir en la defensa de la economía popular y la soberanía.
Propuestas sencillas pero altamente movilizadoras que podrán frustrar en el 2012 los objetivos más despreciables de la oligarquía. Palabras llenas de saber de un mexicano que ha convertido su experiencia de luchador político en un mensaje de esperanza.
Nos quejamos de la ausencia de ideas, de uno y otro lado, en la última elección de medio camino. Y teníamos razón. Entre otros factores, a eso atribuimos la catástrofe electoral, sobre todo de la izquierda. Sin embargo, ahora mismo, desde el lado de la izquierda, aparece publicado (La Jornada, 30 julio 2009) un texto de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) que resulta extraordinariamente importante. No sólo porque expresa con puntualidad “Al Pueblo de México” su visión del país sino porque propone en lo fundamental las líneas de salida a la tremenda crisis que vivimos.
Para AMLO desde hace veinte años cuando menos se habría integrado en México una oligarquía que ha consolidado su poder, también por medio de la corrupción y el saqueo y por arriba de las instituciones fundadas en la Constitución. No se trata únicamente del “grupo político” que ha usufructuado las ventajas del poder, sino el hecho más decisivo aún que ese “grupo político” actúa representando en definitiva a un “puñado” de los más ricos de México, no a los “mejores y más brillantes” sino a los más audaces y voraces, a los capos en México del “capitalismo salvaje” que nos destruye. El país estaría en manos de ese doble puño de quienes detentan la riqueza y el poder político, no en beneficio del pueblo sino en provecho de sus fortunas y ambiciones.
Ese poder alejado del pueblo impondría sus mandatos y conveniencias al conjunto institucional de México: a los Poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, al complejo de las instancias electorales del país, a la Procuraduría General de la República, a la Secretaría de Hacienda y a los Partidos Revolucionario Institucional y Acción Nacional. El país ofrecería un panorama de concentración de poderes y riqueza en pocas manos y de exclusión hasta la miseria de la mayoría, lo que representa la causa fundamental del desastre que vivimos en multitud de dimensiones. Y que explica su real origen: ¿alguien estaría en desacuerdo?
Se confirma entonces la definición de Aristóteles para quien, en negación y traición a la democracia, en un país con riqueza concentrada y desigualmente distribuida el puñado de oligarcas somete a sus intereses a los gobiernos, creándose complicidades absolutamente indeseables. Y destruyéndose cualquier posibilidad de democracia. El gobierno como simple Consejo de Administración de las empresas y monopolios.
Para ese control general los monopolios de la comunicación resultan esenciales, y para la ciudadanía el instrumento más deleznable de su degradación, ya que el espectáculo del mundo que se les transmite es esencialmente un escenario en que solo se vive para ganar y acumular, para mentir y traicionar, por cualquier medio.
Con un rasgo más que apunta certeramente AMLO: el PRI, para los oligarcas, resultaba insostenible en el año 2000 después de 70 años de poder y decidieron entonces el “recambio” por el PAN, cuyas torpezas y pequeñeces (sobre todo por sus Presidentes) lo han llevado a la bancarrota abismal, uno de cuyos síntomas fue su retroceso en la elección del 5 de julio último. Así fue pero ahora, ante la imposibilidad de seguir sosteniendo al PAN, se habría ya decidido otro “recambio” que haría regresar al PRI al poder en el 2012: objetos desechables según la conveniencia oligárquica, papel para la basura.
Ya en el horizonte del próximo “recambio”, en plena crisis económica, surgen nubarrones que presionarán aun más a la baja los ingresos más modestos: no a una reforma fiscal progresiva sino en todo caso regresiva, IVA para alimentos y medicinas, aumento de precios en luz, gasolinas y otros servicios. Como dice AMLO “…los potentados no están dispuestos a permitir ningún cambio que ayude realmente a enfrentar la crisis económica… Se recortarán antes los programas sociales que los privilegios de ricos y de la alta burocracia”.
López Obrador insiste en que uno de los aspectos más graves de la crisis actual es la descomposición moral y social que vive México, que ciertamente son factores que han llevado a la inseguridad y a la tremenda violencia que vivimos. Y la crisis de violencia eventualmente se enfrenta con más violencia “…sin tomar en cuenta que la paz y la tranquilidad son fruto de la justicia”.
Lo malo, dice AMLO, es que “Todo indica que persistirá la degradación del país. En consecuencia, la única alternativa es seguir luchando hasta derrotar a la oligarquía en el terreno político, de manera pacífica, para hacer valer la democracia y establecer un gobierno que combata la codicia y la corrupción, distribuya con justicia las riquezas de México y garantice el bienestar y la felicidad del pueblo”.
Y llama a realizar algunas tareas fundamentales: la organización de la ciudadanía, desde los comités municipales hasta los de barrio, crear redes alternativas de información que ayuden a romper el bloqueo y la manipulación de las grandes empresas de comunicación, la disponibilidad a movilizarse para detener los más grandes abusos que se presenten, como el de la frustrada privatización del petróleo, e insistir en la defensa de la economía popular y la soberanía.
Propuestas sencillas pero altamente movilizadoras que podrán frustrar en el 2012 los objetivos más despreciables de la oligarquía. Palabras llenas de saber de un mexicano que ha convertido su experiencia de luchador político en un mensaje de esperanza.
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