Gladis Torres Ruiz / CIMAC
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* Informe del Observatorio Ciudadano * Asegura que el Distrito Federal ocupa el cuarto lugar nacional * Urge tipificarlo como nuevo delito penal
La poca atención que el Estado mexicano ha prestado a la violencia extrema contra las mujeres y niñas (feminicidio), ha tenido como consecuencia acciones poco efectivas para la prevención, tratamiento, combate y erradicación de este delito en el país, afirmó el Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio (OCNF).
El observatorio, integrado por organizaciones de 17 estados de la República, demuestra en su informe que para el caso del Distrito Federal (DF) el feminicidio es “inexistente”, lo que atribuye a la falta de cifras claras y estadísticas que permitan conocer la magnitud del problema.
Además de que no hay seguimiento de los casos, se desconoce la identidad de las mujeres, quién las mató, el móvil del asesinato, y no hay pruebas.
En el informe: Una mirada al feminicidio en México, 2007-2008, donde se documentó este fenómeno en 13 estados de la República, de enero de 2007 a julio de 2008, el OCNF indicó que una medida urgente es la tipificación del feminicidio como un nuevo delito penal.
Es necesaria la creación de mecanismos jurídicos integrales y expeditos que esclarezcan los homicidios dolosos de mujeres. “La tipificación del feminicidio tanto en el ámbito estatal como en el federal, es fundamental para una debida investigación y sanción de los responsables”, añade el documento.
En noviembre del año pasado, el Partido de la Revolución Democrática (PRD), en voz de la diputada Maricela Contreras Julián propuso establecer como delito la figura del feminicidio en el Distrito Federal y propone hasta 40 años de prisión y aumentar hasta en 50 por ciento las sentencias para los asesinos de mujeres.
La iniciativa, que se encuentra en las Comisiones Unidas de Administración y Procuración de Justicia, y de Equidad y Género, plantea que quien atente –sin importar la finalidad de la acción– en contra de la vida, la dignidad, la integridad física o mental de mujeres, en una determinada comunidad o región, donde de manera recurrente, se cometan estos delitos, se le impondrá una pena de 20 a 40 años de prisión, además de las sentencias que correspondan por los delitos cometidos.
Se consideran atentados en contra de la vida, la dignidad, o la integridad física o mental de las mujeres el homicidio, la desaparición forzada, el secuestro, la violación, las lesiones graves, la trata de personas, la tortura, el abuso sexual, la prostitución forzada, la esterilización forzada y la discriminación por orígenes étnicos, raciales, preferencia sexual o por estado de gravidez.
El DF cuenta con su propia Ley de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, que establece los principios y criterios que, desde la perspectiva de género, orientarán las políticas públicas para reconocer, promover, proteger y garantizar el derecho de las mujeres a una vida libre de violencia.
La legislación incluye tres ejes rectores de actuación para las autoridades capitalinas: prevención, atención y acceso a la justicia; asimismo, coloca como fundamental la reparación del daño y el acceso de las mujeres a la justicia.
Resaltan también como directrices fundamentales: el derecho de las víctimas a ser tratadas con respeto, a ser valoradas y educadas libres de estereotipos, así como acceder a procedimientos expeditos y accesibles de procuración y administración de justicia.
En marzo de este año se creó en la Procuraduría General de Justicia del DF, la Agencia Especializada en Investigación para la Atención del Delito de Homicidio Doloso, en Agravio de Mujeres y Personas con Orientación o Preferencia Sexual por Identidad o Expresión de Género, misma que ya está en funcionamiento con personal capacitado.
A pesar de ello, en opinión del OCNF, la ciudad de México ocupa el cuarto lugar nacional en feminicidio de un total de 13 entidades, y precisa que en el DF, por cada 100 mil mujeres se cometen 4.2 homicidios contra ellas.
Es un crimen de estado
Guadalupe Cruz Jaimes / CIMAC
cimac@laneta.apc.org
El feminicidio, la forma extrema de violencia en contra de las mujeres, se consuma porque las autoridades omisas, negligentes o coludidas con agresores ejercen sobre las mujeres violencia institucional, al obstaculizar su acceso a la justicia y con ello contribuir a la impunidad.
Así lo refiere Marcela Lagarde, en el texto Violencia feminicida en el estado de México, publicado en 2006, por la Comisión Especial de Feminicidios de la Cámara de Diputados.
De acuerdo con la antropóloga feminista, el feminicidio está conformado por hechos violentos misóginos contra las mujeres, implica la transgresión de sus derechos humanos, atenta contra su seguridad y pone en riesgo su vida.
Culmina en la muerte violenta de algunas mujeres, se consuma cuando las autoridades obstruyen el acceso a la justicia de las mujeres. La mayoría de los crímenes está en la impunidad, asegura Marcela Lagarde.
El feminicidio conlleva la ruptura del estado de derecho ya que el Estado es incapaz de garantizar la vida de las mujeres, de actuar con legalidad y hacerla respetar, de procurar justicia, prevenir y erradicar la violencia que la ocasiona. El feminicidio es un crimen de estado.
De 1999 a 2005, fueron asesinadas 6 mil niñas y mujeres en los estados de México, Veracruz, Chiapas, Guerrero, el Distrito Federal, Chihuahua, Oaxaca, Sonora, Baja California y Morelos. Por homicidio doloso o culposo perdieron la vida tres de ellas, cada día.
Las niñas y mujeres asesinadas en México tenían distintas edades, eran jóvenes, adultas, ancianas, adolescentes y niñas. Pertenecían a diversos estratos socioeconómicos, aunque la mayoría eran pobres.
Su nivel de instrucción también variaba, algunas eran estudiantes, otras eran técnicas, universitarias y posgraduadas, pero el grueso de ellas tenía pocos estudios.
La relación que tenían con el agresor era igualmente diversa: desconocidas, cónyuges, parientas, amigas; había solteras, casadas, novias, exnovias, esposas, exesposas, primas, suegras, vecinas, jefas, subordinadas, turistas, transeúntes, prestadoras de servicios, políticas, gobernantes, casi todas mexicanas, algunas de origen indígena y otras extranjeras: estadunidenses, europeas, asiáticas y de Centro y América del Sur.
A la mayoría las asesinaron en su casa, al resto se desconoce en donde las privaron de su derecho a la vida, pero sus cuerpos fueron hallados en la calle, un baldío, una barranca, en una construcción, en un río o en una casa de secuestro.
Algunas tienen huellas de violencia sexual, todas fueron torturadas, maltratadas, atemorizadas y vivieron humillaciones; fueron golpeadas hasta la muerte, estranguladas, colgadas, acuchilladas. Todas quedaron aisladas y desprotegidas, aterradas, amenazadas, vivieron la más extrema impotencia de indefensión.
Alta concentración de trabajadoras
Guadalupe Cruz Jaimes / CIMAC
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* Ejercicio del INEGI con enfoque de género, pero sin detalles
Los Censos Económicos 2009 registraron un aumento en la participación de las mujeres en todas las actividades económicas, la cual pasó de 37.8 a 42.5 por ciento, de 2003 a 2008; sin embargo, las condiciones en las que se ocupan se desconocen, ya que no captaron la diferencia salarial entre mujeres y hombres, si sus empleos son formales o no, y cuántas tienen seguridad social.
Eduardo Sojo Garza Aldape, presidente del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI), refirió en conferencia de prensa que los Censos Económicos 2009, que tuvieron un costo de mil 925 millones de pesos, se realizaron con un enfoque de género.
“Nos hemos preocupado por darle perspectiva de género a cada uno de los ejercicios estadísticos que hacemos, en este sentido captamos el personal ocupado por género, 42.5 por ciento son mujeres y el 57.5 por ciento hombres”, de las 27.7 millones de personas que trabajan en el país, mencionó.
Los estados de la República, donde la participación de las mujeres es más alta, son Guerrero, Tlaxcala, Oaxaca, Morelos, Michoacán, Hidalgo, Puebla y Nayarit, entidades en las que va de 45.1 a 48.7 por ciento, según la información de los Censos Económicos, que se levantó del 2 de marzo al 31 de julio de 2009.
En 2008, las mexicanas se ocuparon mayoritariamente en los sectores servicios educativos (62.3 por ciento), de alojamiento y preparación de alimentos (57.5 por ciento), comercio al por menor (51.1 por ciento) y servicios financieros y de seguros (48.6 por ciento).
Del total de personas ocupadas, 47 por ciento labora en servicios no financieros, 26 por ciento en el comercio, y 18 por ciento en la industria manufacturera.
El tipo de empresa en el que se ocupan se mide también por la cantidad de personas que emplean, Sojo Garza refirió que una de las tendencias que se registraron en los censos económicos es la ocupación en microempresas.
Y es que 42.1 por ciento de las más de 27 millones de personas que trabajan lo hacen en empresas que tienen hasta 10 empleadas y empleados, las mujeres representan 48.7 por ciento de las y los mexicanos que laboran en este tipo de unidades económicas.
Mientras que de las que están empleadas en empresas con más de 251 personas, las mujeres representan 36.4 por ciento. El titular del INEGI señaló que las microempresas representan 95.2 por ciento de las 5 millones 144 mil 56 registradas.
Este tipo de empresas fueron las que obtuvieron menor cantidad de préstamos, ya que del total de las unidades económicas, 67.8 por ciento no obtuvieron crédito, préstamo o financiamiento.
El 29.8 por ciento de las personas ocupadas son propietarias, familiares y trabajadoras no remuneradas, 56.6 por ciento son personal remunerado y 13.6 por ciento laboran en empresas outsourcing, este tipo de contratación aumentó 5 por ciento de 2003 a 2008.
Cabe mencionar que la participación de las mujeres como propietarias, trabajadoras no remuneradas y empleadas por outsourcing, se desconoce, ya que la información no está desagregada por sexo, al igual que la percepción salarial.
De igual modo, se desconoce si los más de 27 millones de empleos son formales o informales, ya que, dijo Sojo Garza, a las personas entrevistadas no se les cuestionó si pagaban impuestos. Tampoco se incluyó en la información acerca de la actividad económica si las y los trabajadores contaban con seguridad social.
El funcionario aseguró que esa medición corresponde a la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, al igual que la desocupación, que en su opinión “es alta si se compara con la tasa previa a la crisis económica, pero estable en los últimos tres meses”.
Otra del Góber piadoso
Lydia Cacho / CIMAC
cacholydia@yahoo.com
Las dos niñas, de 14 años de edad, estaban rodeadas de ocho adultos cuando la policía municipal de Tlajomulco, Jalisco, entró luego de recibir una llamada de los vecinos que corroboraron la versión de que en esas casas de interés social operaba una red de tratantes de menores. Las dos niñas estaban entre otros 13 menores de edad en la casa de Jorge Arturo López Murillo, quien primero amenazó a los policías con un arma y después los quiso sobornar.
Los agentes llevaron a cabo un operativo bien organizado, en cuanto sometieron a los ocho adultos recibieron la oferta: a cambio de su libertad y silencio les ofrecieron tener sexo con las niñas.
Los policías se rehusaron y cubrieron los cuerpos de las niñas que yacían desnudas. Las menores de edad estaban drogadas. Cuando los policías las protegieron, en lugar de aliarse con los explotadores, ellas les explicaron que el dueño de la casa las había hecho adictas al Tonsol (un disolvente más potente que el thiner, comúnmente utilizado por zapateros y que se vende con menos restricciones que los inhalantes relacionados con las adicciones de menores de edad en situación de calle). “Con el toncho no sentimos nada”, dijeron las pequeñas aliviadas al ser rescatadas.
Los policías llevaron a los detenidos a la Procuraduría General de Justicia de Jalisco, donde a pesar de la evidencia y los testimonios, el delegado José Armando Yáñez Navarro, declaró: “No hay elementos para presumir delitos de naturaleza sexual, las 15 menores de edad retenidas negaron que hubiera existido abuso sexual (…) estaban ahí por su voluntad, participando en una fiesta”.
Según testigos de la propia procuraduría, a las víctimas se les trató con el desprecio con que “se trata a las prostitutas adultas”, las amenazaron con hacerles estudios ginecológicos para saber si las habían violado y, ellas lo único que querían era irse a casa.
Frente a ellas Yáñez Navarro declaró lo que luego repitió a los medios: “El hecho de que pudieran estar desnudas las chamaquitas no implica un delito de ningún tipo” (aunque los adultos que las retenían fueran mayores de 45 años).
Los policías insistieron en que el hecho constituía el delito federal de trata de personas, pero la procuraduría estatal, a cargo de Tomás Coronado, dejó ir a los detenidos, excepto a dos, acusados también de robo.
Los policías Aurelio Hernández, José Ángel García Mercado y Víctor Padilla Ortiz, declararon que los adultos tenían al grupo de adolescentes y niñas en su casa, en donde encontraron objetos robados.
Algunos vecinos aseguran que el propietario de la casa maneja una red de tratantes de menores para fines de explotación para la mendicidad y el robo, además de la explotación sexual; delitos tipificados como graves en la ley federal.
La procuraduría fue demasiado rápida para desacreditar la existencia del delito de trata. Si el procurador Coronado (a quien se le ha vinculado desde su nombramiento con delitos de abuso de menores de edad en Guadalajara), fuese un servidor público responsable, habría pedido asistencia a la fiscalía que atiende la trata de mujeres y niñas (Fevimtra).
En segundo lugar, si hubiera dado protección y asistencia a las víctimas, junto con el testimonio de los notables policías, Jalisco tendría ahora un caso ejemplar de persecución de trata de menores y atención a las víctimas. Pero es obvio que al Góber piadoso y a Coronado el abuso de menores les tiene sin cuidado ¿Por qué su silencio?